"Hay tres caminos que llevan a la sabiduría: La imitación, el más sencillo; la reflexión, el más noble; y la experiencia, el más amargo"
Confucio
Hace sólo un año había algunos datos, algunas cifras, algunas circunstancias que me hacían pensar que había un cierto paralelismo entre España y China en cuanto a lo económico se refiere. Constato con preocupación que ya definitivamente esa equivalencia entre nuestros dos países ya ha desaparecido.
Uno era el del crecimiento económico. China era (aún lo es) el país del mundo con mayor crecimiento anual en términos porcentuales (en torno al 10%) y España lo era (ya no lo es) de Europa (en torno al 4%)
China consumía (aún lo hace) la mayor cantidad de cemento del planeta, España lo hacía (ya no lo hace) de Europa.
España y China, con un par décadas de diferencia (España en los sesenta, China a finales de los setenta) iniciaron un desarrollo que les llevó a mayores cuotas de bienestar y a un futuro prometedor.
Esto, parece que en el caso de España , se acaba. me gustaría equivocarme, pero los datos auguran el futuro menos positivo…
No son estos buenos tiempos para los optimistas. Los datos que cada semana nos llegan sobre la situación de la economía añaden más incertidumbre al deseo que todos tenemos de dejar un futuro mejor para nuestros hijos. No sabemos si la sociedad que entregaremos a las generaciones siguientes a la nuestra será mejor que como nos la entregaron a nosotros nuestros padres.
Yo, optimista por naturaleza, partidario del “vaso medio lleno”, estoy empezando a sentirme pesimista sobre el futuro más inmediato. No quiero dejarme arrastrar por esta corriente de desánimo e intento agarrarme a lo que puedo, pero reconozco que cada vez me es más difícil.
Miro por la ventana y observo un panorama desolador y muy representativo de lo que ocurre. Donde hace sólo unos meses había un frenético movimiento de personas y maquinaria, de ruidos continuos consecuencia directa de los trabajos de construcción de nuevas viviendas, ahora todo es silencio. Quedan las grúas, las casetas y los viales de las nuevas infraestructuras a medio hacer…
Una promoción de una treintena de viviendas que ahora estoy mirando desde mi ventana, terminadas hace meses, , sólo están habitadas por un puñado de familias.
Una pequeña obra de dos nuevas viviendas (autocalificadas de lujo) a sólo treinta metros de nuestra casa y que cada mañana nos despertaba con sus inevitables ruidos y nos molestaba con el polvo que generaba su actividad de hormigoneras, cemento y ladrillos lleva desde el final del verano pasado cerrada.
Imagino miles de familias con la angustia de la pérdida del empleo. Empresarios desanimados y autónomos al borde de la depresión…
En los años sesenta en España se construía a un ritmo frenético, como ahora lo hace China. Cada año surgían barrios nuevos que se llenaban de familias que procedían de otros lugares… La economía crecía y todo el mundo mejoraba sus condiciones de vida.
En tiempos recientes se había vuelto a construir a ritmo frenético, pero todo era una enorme ficción, un espejismo de prosperidad que ahora nos muestra su verdadero rostro y nos pasa factura.

Ahora esa construcción que se ha detenido de golpe , no era desarrollo , era principalmente especulación. Deseo de ganar dinero rápido y fácil. Era “no quedarse atrás “ en ese camino de “pelotazos” tan lucrativos. Pelotazos y listillos por doquier que promovían corrupción en todos los estamentos, en todos los niveles, en todas las capas de la sociedad.
El pesimismo que me empieza a embargar no proviene sólo de la toma en consideración de estos datos y sus derivaciones, de sus efectos en el inmediato futuro, proviene de la constatación, cada vez más evidente de que nuestra sociedad, la española, a diferencia de la China, es muy confiada en el porvenir, en la providencia, no tanto por las consecuencias de un trabajo bien hecho, preparado a conciencia durante años , como por la esperanza de un golpe de suerte , que venga de no sé donde, para hacernos la vida mejor.
Como en la fábula, somos como la cigarra que vive feliz y confiada el verano mientras la hormiga trabaja para tener un invierno mejor.
Durante todos estos años de bonanza económica nos hemos dedicado a hacer como esas familias de "nuevos ricos" que cuando se ven con dinero, en lugar de administrarlo “con cabeza” se dedican a gastarlo y a aparentar: nuevo coche, cambio de muebles y cortinas...
A esto además se une nuestro individualismo más feroz (que raya en un casi comportamiento antisocial, en el egoísmo más puro) y la picaresca, tan española…
Durante siglos, en España, el que no intenta aprovecharse del otro (ya sea del vecino, del compañero, del jefe, de la empresa , de hacienda, ….) es un "bicho raro" y casi un imbécil.
El que progresa, el que prospera lentamente con su trabajo es mirado con desdén, no es modelo de nada y es un “pringao” y en cambio, el que lo hace por “un pelotazo” es admirado.
Los pícaros, desde el Lazarillo de Tormes, no han dejado de ser los que más influyen negativamente en la sociedad. Trabajadores pícaros, empresarios pícaros, políticos y funcionarios pícaros….
Sólo una toma de conciencia, un “tocar fondo” puede llevarnos a empezar a dar otro rumbo a nuestros usos y costumbres.
Es hora de cambiar. Dicen que en el lenguaje chino, crisis es sinónimo de oportunidad. Es hora de un cambio de rumbo. Sólo un cambio en las conciencias nos puede salvar y ese cambio pasa por la educación, pero (¡ay! ) en esto tampoco somos un modelo…
"Si el gobernante se impone por sus cualidades y mantiene el orden en armonía con las buenas costumbres, el pueblo sentirá vergüenza de actuar mal y avanzará por el camino de la virtud"
Confucio