31.10.09

Un poco de perspectiva





"Observa todo lo blanco que hay en torno tuyo, pero recuerda todo lo negro que existe."
Lao Tse


Estos días de forzado "descanso" he podido apreciar que la percepción del tiempo acelerado no va tanto en el trabajo, la dedicación que a él le hacemos, la energía que nos consume y la fatiga que nos provoca, como en la rutina y el orden estricto de nuestras vidas, donde todo está programado y debe ajustarse a unos tiempos muy tasados y que dejan poco margen a relajarse sin que el reloj nos llame y nos diga "es hora de..." ,"ahora toca..."
Las dos semanas que llevo sin trabajar han pasado en un suspiro. Pensaba que la dedicación al trabajo, la energía que nos demanda nuestro quehacer laboral, era principalmente la causante de nuestra percepción acelerada del tiempo, y no es así. Es la rutina, la monotonía en nuestras vidas lo que "mata" el tiempo.
He descansado la mente de "escuela" y he podido apreciar, aquí en casa, tranquilo, sin presión, sin grandes obligaciones , sólo pequeñas tareas, que el tiempo también pasa muy deprisa. Las cinco horas de colegio se van en un suspiro y cuando acuerdo debo salir pitando a recoger a las niñas. Este tiempo de baja forzada me está sirviendo para ver más en la distancia, con otra perspectiva, mi trabajo de maestro. Noto que los "grandes" problemas a los que a diario me enfrento habitualmente en mi labor, "no lo son tanto". A fuerza de "estar metido en ellos" perdemos la perspectiva, el valor y la trascendencia que tienen nuestras actuaciones.
Ya me resta poco tiempo de este "descanso" y he de reconocer que para "mi cabeza" me está viniendo muy bien.

La educación y formación de nuestros alumnos se sustenta en cuatro pilares: la familia, el sistema educativo, los profesores y ellos mismos .
Muchas veces, en el día a día, inmerso una semana tras otra en la tarea de formar a los chavales me olvido de que soy sólo una parte, importante, decisiva y trascendente, pero no la única. Olvido que en ocasiones, los otros tres elementos (familia, sistema y alumnado) no cumplen como deberían , trasvasan responsabilidades y se presionan unos a otros. A veces incluso actúan a la contra entre sí, provocando desconfianza, que a veces se plasma en la desautorización también sobre el profesorado y su trabajo. Los intereses de la Administración , no siempre coincidentes con los de la educación, llevan a una burocracia y control administrativo inútiles, sin voluntad de ataja los problemas a fondo, a planes propagandísticos que sólo buscan sustentar el sistema, sin importar que este perpetúe la mediocridad. Me olvido con frecuencia de la carencia de autoridad paterna, lo que trae como resultado la desautorización, la falta de transmisión de valores como el esfuerzo, la satisfacción del trabajo bien hecho, la empatía, el civismo y el desdén, cuando no la complacencia con las actitudes contrarias a la convivencia y la armonía que debe reinar en el aula..
Tantas cosas no dependen de mi...


He tenido la suerte de ver estos días una serie de reportajes de la BBC (Chinese School) sobre el sistema educativo chino. Son cinco horas de seguimiento a alumnos de tres centros (primaria, secundaria y bachillerato) de una pequeña ciudad del interior de China.
En un tono amable, sin concesiones al "sistema", pero también sin prejuicios, se analiza la situación de estos centros , su día a día, sus objetivos y expectativas, sus carencias y sus logros.
Me produce envidia el consenso que entre los chinos hay (familias, autoridades, profesores y alumnos) de ver la escuela como la oportunidad de progresar, no sólo individualmente , sino como país y de como trabajan para ello reforzando valores que aquí estamos minusvalorando,
olvidando en ocasiones y despreciando a veces. Valores como el respeto obligado y el aprecio hacia sus profesores y sus compañeros y el esfuerzo personal de superación están dando sus frutos, y a pesar de las carencias y defectos (también los hay, por supuesto, por ejemplo la competitividad y la presión excesivas que se sufre al final de la etapa educativa, ante el temido examen de acceso a la universidad...)

En fin, me doy cuenta desde aquí, desde casa , mientras mis compañeros trabajan y a los que me uniré en breve, que en mi parcela , en mi responsabilidad debo continuar con la labor e ilusión que durante todos estos años he desempeñado sin dejarme ahogar por los problemas que como decía al principio, no lo son tanto visto desde fuera, al menos en lo que atañe a mi responsabilidad. Creo que así no "me quemaré" y podré rendir el mejor servicio a mis alumnos y a mi mismo.


"La manera de hacer es ser."
Lao Tse

23.10.09

A pie por China



¡Cuánto me gustaría emular a este joven alemán! Ha viajado durante un año más de 4500 km a pie por China.

El vídeo de cinco minutos es muy bueno. Se lo dedica al "maestro Xie" , quien desde 1983 recorre China también a pie, según nos cuenta Christoph Rehage en su web.



21.10.09

Los inconvenientes como retos



Debido a un pequeño accidente me encuentro en casa, de baja laboral y con el brazo en cabestrillo (nada grave, una pequeña fisura a la altura del codo en el radio del brazo derecho). Aprovecho el silencio, desacostumbrado para mi a estas horas , cuando todos están trabajando, y la tranquilidad que supone no estar obligado a hacer nada, para disfrutar del sosiego de mi casa vacía. Enciendo el ordenador y leo con más calma que de costumbre, con menos prisa, los blogs y páginas de Internet que habitualmente sigo cuando dispongo de tiempo ( también así me olvido del picor que la férula me produce y que llevo como mejor puedo )

Aunque sólo puedo usar la mano izquierda, no tengo prisa y tecleo con un dedo esta entrada sobre algunas cosas que esta mañana he leído.

El blog de Roberto Pili hace una una referencia al de Brenda. Leo su entrada "Esos malos oportunos" . Lo encuentro muy interesante (como todo lo que escribe) y me hace pensar en mi situación de hoy mismo : apenas he dormido por la incomodidad de la inmovilización del brazo, me encuentro muy limitado para situaciones sencillas como es por ejemplo atarme los cordones de los zapatos. Me pica horrores el brazo sin poder aliviarme con "una rasquiña", el peso de la escayola a veces se hace sentir y molesta en forma de leve hormigueo. En fin. Nada grave repito, pero esta repentina, transitoria (y espero que breve) inmovilidad parcial, me ha hecho pensar en las acciones cotidianas sobre las que nunca reparo. Puedo quedarme sentado lamentando mi situación, o intentar hacer cosas y moverme a pesar de la dificultad, adaptándome a la situación. Tengo la opción de ver todos estos inconvenientes como retos y decido aplicarme esto último.

Me cuesta escribir pero es mejor que no hacerlo y me doy cuenta de una ventaja, que es que teclear con un dedo me obliga a ir lo suficientemente despacio como para que el pensamiento no se desboque, las ideas no se aglomeren y empujen unas a otras. Descubro que escribir despacio no está tan mal. La lentitud obligada de la mano, en cierto modo "contagia" la mente y acabas serenándote y viendo las cosas, las ideas más nítidamente. Me doy cuenta que puedo aplicar a esta situación concreta el lema del "movimiento slow" que dice "menos es más".


Escribe Brenda de "resiliencia". Es un tema muy interesante para todos y que dadas las circunstancias de nuestras hijas y de los retos "extras" a los que se enfrentan y enfrentarán, debemos estudiar sus principios, asimilarlos y aplicarlos a nuestras vidas. Es muy cierto que ante situaciones difíciles tenemos dos opciones, luchar por superarlas y aprender de ellas o dejarnos arrastrar por la pena, la tristeza y la desesperación , según los casos.

He recordado un libro que leí hace tiempo y que recomiendo , se titula "El hombre en busca de sentido" de Víctor Frankl.


Me ha gustado mucho la idea de "no dar respuestas tristes a situaciones tristes" . Es cierto, suele ser lo habitual el mimetizarse con la pena y unirse a ella hacia donde nos quiera arrastrar.

Nuestras hijas nos tienen como modelo y debemos transmitirles en la medida de lo posible la idea de resiliencia, siendo un ejemplo para ellas en cómo nos enfrentamos a los retos, más o menos grandes, más o menos graves, que el día a día nos plantea.


10.10.09

Najat y la identidad



He escuchado en varias ocasiones en la radio a Najat el Hachmi (tertuliana ocasional de Julia en La Onda, de Onda Cero) hablando de los temas más variopintos. Trasmite sus ideas de manera que dejan traslucir que ella es a una mujer inteligente , joven muy de su tiempo y de la sociedad en la que vive y con criterio propio.

Me hizo gracia el primer día en que coincidió con Sánchez Dragó, también tertuliano, en el citado programa de radio. Éste no la conocía y al presentársela, dijo Julia Otero que era escritora . Le faltó tiempo a Sánchez Dragó para entender que era “escritora marroquí, ...con ese nombre...”. Najat le contestó que ella era de Vic, donde había vivido desde los ocho años.

Esta mujer que reivindica su identidad de joven, mujer, catalana, de Vic, vecina de Granollers, licenciada universitaria, escritora, y nacida en Nador , Marruecos, escribió el ensayo «Jo també sóc catalana» donde intenta hacer ver a la sociedad la normalidad de lo que representa: una mujer educada en la cultura catalana, la de su entorno de Vic, con raíces y origen en el Marruecos bereber. Reivindica el respeto por lo que ella es, sin que ello suponga rechazar su procedencia, la de su familia y su origen , con todo lo que significa, y que asume con la naturalidad.

Leí su libro “El último patriarca” (lo recomiendo, aunque algunos pasajes son duros, de una violencia que, por desarrollarse en el contexto íntimo, silencioso de la familia los hacen más espeluznantes ) donde, entre muchas otras cosas la joven hija lucha por ser como sus compañeras de instituto, por ser lo que siente, una joven más, simplemente.


En esta actitud de Najat, ante “la sociedad” , “su sociedad”, en estos sentimientos, siempre he visto un paralelismo con lo que nuestras hijas puedan sentir en el futuro. Nuestras hijas son españolas, pero sus rasgos, como en Najat su nombre y su tez morena, delatan otro origen que los demás, en muchas ocasiones se empeñan en colocar de filtro para todo lo demás.


Nuestras hijas nos han expresado en varias ocasiones su fastidio por ser en muchas ocasiones vistas como “chinas” (idioma, costumbres,...) exclusivamente. Ellas sienten con orgullo su origen, pero detectan que los demás , en gran número de ocasiones , ven en ellas a unas chinas sin más. Les molesta que desconocidos y algún que otro conocido no capten, no entienda lo que para nosotros es normal y vivimos con naturalidad, es decir, lo que supone haber nacido de otra familia y haber formado la nuestra mediante adopción ; respetar y apreciar el origen y vivir y desarrollarse en un entorno que es y sentimos nuestro, como es y sienten suyo su origen, aunque no hablemos la lengua de China ni vivamos las costumbres de su maravilloso país de nacimiento.

En otras ocasiones he hablado de la identidad en nuestras hijas y lo que significa sentirse igual a los que te rodean y ser vista de modo diferente, el de ser señalas.

Saben por experiencia lo fácil que es echar mano del “¡china! “como insulto por parte de compañeros de clase. Recientemente nuestra hija pequeña nos contó como no pudo reprimir el llanto cuando una compañera de clase , a la que conoce desde los tres años, la llamó a modo de insulto “china, cara de hoja.”

Nuestra hija mayor, como también ha sido objeto del apelativo de “china” como insulto , por experiencia, por ser mayor y por haber reflexionado sobre el tema , alecciona a su hermana diciéndole: “ X, es tonta. No sabe que ser china es algo normal, como ser de Córdoba. Menudo insulto. Es una ignorante”

No obstante, nuestra hija mayor teme , así nos lo ha dicho, la hora de ir al instituto (será el año próximo) Al temor que todos los chicos sienten por ese lugar , esa situación nueva, nuestra hija une sus rasgos distintos. Teme ser objeto excesivo de atención por su rostro , por sus ojos.

Es un temor que yo también tengo, puesto que ahora comienza la etapa más difícil de su desarrollo.

Ahora entra en la adolescencia y construye su identidad. Espero saber estar a la altura de las circunstancias y saber manejar los conflictos que surjan del mejor modo posible.



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