Después de dormir cientos de miles de millones de años, abrimos los ojos un día a una brevísima vida, siendo entonces conscientes de nuestra existencia y de todo lo que nos rodea. Sabemos que vivir es gozar y a la vez sufrir. Cuando dejamos de vivir y mientras los que nos conocieron aún nos recuerdan, de alguna manera seguimos con nuestra existencia en la memoria de nuestros seres queridos y de nuestros amigos. Pero al final, también todo acaba para nosotros y también para los que nos conocieron ante la indiferencia de ese cosmos infinito de espacio y tiempo del que formamos parte. Aprovechemos esa nuestra chispa de vida en el tiempo cósmico.
La poesía es la expresión de los sentimientos humanos y como la vida misma contiene en sí la belleza y la tristeza a la vez. Conceptos contrarios que a veces se mezclan de manera un tanto perturbadora.
Llueve ahí fuera.
El viento balancea las ramas y finas cortinas de lluvia crean diminutos riachuelos en el suelo que corren calle abajo.
Contemplo las primeras yemas de mi ciruelo, envueltas en gruesas gotas que adornan el árbol y que temblando levemente van desapareciendo y apareciendo una tras otra.
Una pareja de golondrinas es arrastrada por el fuerte viento que escucho rugir y cuyo sonido se cuela por la chimenea del salón.
Un día hermoso y a la vez triste. Negros pensamientos, como esas nubes veloces surgen en mi interior. Como el agua que resbala por las aún desnudas ramas del árbol, la vida, nos abraza y nos envuelve con su belleza y a la vez con su tristeza pero lo hace de un modo breve, intenso, pero breve.
Los pensamientos de gozo y pena no deben estancarse y como las gotas de este día de lluvia, fluir y fluir.
La pintura que ilustra esta entrada (y que me sirve para desearos a todos un muy Feliz Año del Caballo recién estrenado) es obra de Tyrus Wong, artista norteamericano de origen chino de 103 años que ha sido objeto de un documental en el que se pretende contar la sorprendente vida de un artista que se sale del destino al que se veían abocados todos los no blancos en las primeras décadas del siglo XX en los Estados Unidos.
Me ha llamado la atención que desde su jubilación hace nada menos que ¡cuarenta y cinco años! se dedica a diseñar, construir y pintar cometas que vuela cada sábado en las playas de Santa Mónica.
"tomar la vida día a día, levantarse por la mañana y ver el sol ..." Toda una filosofía de vida, de una vida rica e intensa de una persona singular.
Hace algunos años, Rafael Poch era corresponsal de La Vanguardia en Pekín y siempre sus artículos y reflexiones sobre China me parecieron muy interesantes. Ahora, corresponsal en Berlín sigue aportando análisis, en mi opinión, muy certeros y esclarecedores de la política de los países en los que vive. En esta larga entrevista en Jot Down hay mucho material para reflexionar ...
Se preguntaba Confucio que si las personas no respetan a sus mayores, en que se diferencian entonces de los animales. Es sabido que en la cultura oriental, los mayores, por el sólo hecho de serlo son motivo de respeto. La cultura occidental, en esta sociedad global, lentamente "contaminando" a la sociedad oriental con sus valores de competitividad y eficiencia y que unidos a la velocidad y al culto al dinero, poco a poco, va convirtiéndose en algo universal, global, y por tanto, también chino.
En occidente, esa minusvaloración de lo viejo, también, no sé muy bien por qué, se ve afectada por "la cultura de lo joven" que con frecuencia está sobre valorada y por consiguiente, se tiende a ver lo antiguo, lo viejo, y no digamos al anciano , como algo, como alguien que ya no sirve, que no aporta nada económicamente valioso y que por tanto a menudo, representa un estorbo.
Se obliga por esta ley a visitar y ayudar económicamente a los familiares ancianos en consonancia con los principios confucianos que lentamente se van desdibujando.
En España, también empieza a pasar algo parecido.
Recuerdo cuando era niño, con nuestra abuela viviendo en casa, que me llamaba poderosamente la atención la forma en que otras sociedades más desarrolladas trataban a sus mayores. Me resultaba extraño que hubiese tantos ancianos con hijos que viviesen en residencias. Mis amigos tenían casi todos a un abuelo o una abuela en casa. Las residencias de ancianos, era la excepción, no la norma.
Reflexiono sobre todo esto tras haber disfrutado
ayer de la película "Una vida sencilla" , de Ann Hui.
Un par de horas de sosiego y de disfrute de emociones simples y corrientes, pero a la vez profundas.
Película de ritmo lento y breves diálogos, que nos muestra una situación y unos personajes con los que nos podemos sentir identificados de alguna manera u otra.
Cinta, repito, que emociona y hace reflexionar sobre muchas cosas; principalmente sobre la vejez, y también sobre la gratitud y la soledad.
Historia situada en Hong Kong, pero que podría ser en cualquier otro lugar y en cualquier otro tiempo.
Una sencilla historia que te hace reflexionar sobre el valor que los mayores merecen. Ideas de gratitud y amor hacia los que en otro tiempo contribuyeron a lo que ahora somos.
Una de las cosas que más me ha llamado la atención en el reciente viaje que hemos hecho a China, es la gran cantidad de turistas chinos que había por todas partes. Multitudes de familias visitando los lugares más emblemáticos del país y sólo un puñado de occidentales entre miles de nacionales. Quizás porque el verano no es una buena época por el calor sofocante, o porque no es destino de moda, o por la crisis, la verdad es que vimos a pocos europeos, en comparación con la última vez (hace doce años)
Esta noticia que hoy he leído en el 20 Minutos me ha vuelto a confirmar lo eurocéntricos, o simplemente ignorantes, que podemos llegar a ser. Esa supuesta guía para turistas no se corresponde con la realidad de lo que yo he visto. Para encontrarse un guarro o un tonto, hay decenas y decenas de personas "normales" cuyo comportamiento no llama la atención en absoluto.
Me molesta ese gusto por las "noticias frikis" siempre que se habla de China.
Vivo en Córdoba, ciudad Patrimonio de la Humanidad, visitada por miles de turistas de todo el mundo (también chinos) y la verdad es que la práctica totalidad se comporta con correción. Nada que ver con los jóvenes borrachos que procedentes de toda Europa que se mueven por nuestras costas, ni la de los españoles vociferantes y prepotentes que con frecuencia se hacen notar por cualquier rincón.
En YangShuo (hermosísima ciudad turística del sur de China) me llamó la atención unos niños que correteaban en una tienda, gritando y tocándolo todo (uno de ellos llegó a abrir la espita del depósito de agua que había a la entrada de la tienda, dejándolo abierto y obligando a la dependienta a levantarse corriendo e ir a cerrarlo). No imagináis la mirada de asombro e indignación que les echó a los pequeños y a sus impasibles padres.
Ya imagináis de donde procedían estos turistas que sí necesitaban de una "guía del turista bien educado".
Detrás de las puertas de los poderosos
hay vino amargo y carne podrida. Afuera:
cadáveres congelados. Abundancia y hambre
están separadas por unos cuantos pasos.
El viaje que hace trece años y medio hicimos a China para recoger a nuestra primera hija, aparte de toda la carga emocional que suponía en sí por tenerla en brazos después de años de espera, también supuso una intensa toma de conciencia de nuestra, podríamos decir, "humanidad". Ver una sociedad tan diferente en las formas, y en muchas cosas también en el fondo, me hizo tomar conciencia de nuestra evolución, nuestra deriva como país al empezar a comparar y evaluar de manera constante la realidad que nos rodea y la que se vive en ese país tan fascinante de donde proceden nuestras hijas.
Comparación constante entre España y China y valoración de los que nos une, lo que antes teníamos y ahora no, lo que ellos van perdiendo, lo que nosotros hemos ganado con el tiempo...
Recuerdo que después de diez días empapándome de una China a la que no sabía cuando volvería a regresar, "aterricé" de nuevo en la cotidianidad de mi escuela, de la vida en mi ciudad, de las relaciones con mis vecinos, familiares y amigos. En mi mente fluían imágenes de China constantemente y en relación a ellas reflexionaba y analizaba lo que hacía, lo que veía aquí e intentaba hacer un ejercicio de evaluación.
Hoy voy a comentar algo en lo referente a mi profesión de maestro. Me costó mucho trabajo y tiempo aceptar que el camino, la senda que en materia educativa estábamos transitando y que yo creía la única posible, y que aceptaba hasta entonces como la más natural y lógica no era la más apropiada si lo que queríamos es formar personas socialmente integradas y armónicas.
Hasta ese viaje que cambió nuestras vidas no veía, o no quería ver, que nuestro modelo educativo no se encaminaba en la mejor dirección. Por poner algún ejemplo, empecé a sentirme extraño entre personas que sin la menor objeción aceptaban que muchos de nuestros alumnos fuesen indisciplinados, que no se trabajase en la conciencia de que la libertad personal exige respeto a los demás y sobre todo al maestro.
Estar rodeado de niños que vivían en una abundancia que no era convenientemente manejada les llevaba a ser caprichosos en muchas circunstancias, indolentes y faltos de un mínimo recato a la hora de relacionarse y frenar sus impulsos. Niños un tanto egoístas y como he dicho antes, caprichosos.
Una generación que todo lo tenía en abundancia y a la que sus padres no educaban en el esfuerzo, el respeto a sí mismos, el amor propio y el afán de superación.
Es duro darse cuenta que en muchas ocasiones, todo tu esfuerzo es estéril. Cuando alguien no respeta a sus compañeros, a sus maestro o a sus padres, no se respeta así mismo y así no hay progreso posible.
Cuesta trabajo aceptar y adaptarse a nuestro modelo educativo, en el que prima la voluntad de los "clientes" que son los padres, como no hace mucho escuché a un inspector de educación decir.
Cuesta trabajo atajar los problemas y las soluciones no son fáciles, pero hay que dar pasos en la dirección correcta y eso no se hace.
Me resultaba del todo sorprendente que todo el mundo aceptase sin planteamiento crítico alguno que, por ejemplo, los jóvenes hiciesen «botellón» como algo inevitable y natural . Algo intrínseco a la edad que había que tolerar, minimizando las consecuencias del mismo, tanto en materia de salud como de convivencia. Han pasado los años y todo ha ido empeorando.
Estamos de feria en Córdoba y hoy leo en la prensa local que ayer miles de jóvenes se concentraron en un «botellón» masivo al que fueron dirigidos por la policía local, que según introducciones recibidas por el actual equipo de gobierno municipal, debían impedir el acceso con bebidas alcohólicas al recinto ferial y concentrarlos en las proximidades. Lo que este equipo de gobierno criticaba en el pasado ahora practica y lo que el pasado equipo municipal toleró y fomentó ahora cuestiona.
Cuando una desgracia ocurra y las responsabilidades se exijan , quizás entonces habrá voluntad de empezar a cambiar.
"botellón" Foto "El Día de Córdoba"
Desde que regresé de China en mi primer viaje, siempre he pensado que ese "botellón" que nos distingue de otros países es el síntoma claro de una enfermedad social que no parece querer atajarse.
El botellón y como es afrontado por parte de autoridades, padres y sociedad en general refleja muy claramente nuestro modelo educativo, nuestros valores como sociedad.
La educación que es lo que nos podría empezar a cambiar, no vive sus mejores horas.
Nuestras hijas empiezan a vivir en una sociedad que empieza a ser peor que la que vivieron sus padres y, o se produce un cambio de rumbo radical o esto será un «sálvese quien pueda» nada edificante.
Me ha venido a la mente está escena que ahora reproduzco de la serie de la BBC llamada «Chinese School» donde con cierta dureza, mediante una humillación pública (muy criticable y que yo jamás haría) se enseña el valor del respeto a sí mismo y a los demás a través de los objetos de uso común y/o particular. Si algo chocante para nosotros es esa imagen de humillación. ¿Qué pensarían esos mismos niños chinos, o sus profesores o sus padres ante la imagen cotidiana de falta de respeto de ciertos niños hacia sus maestros, del deprecio hacia su trabajo de muchos padres y de la propia administración educativa en muchas ocasiones? ¿Y ante las lamentables escenas durante y después de un botellón?
Es para reflexionar.
Henry y Keiko, son dos adolescentes norteamericanos que viven en Seattle y descubren el amor a la vez que la crueldad social y la injusticia que sufren en propias carnes y no entienden. Los sentimientos que les dominan son los del amor, que siempre es el último refugio y el que nos salva en momentos de zozobra, de crisis. Representan estos adolescentes la inocencia del que aún no ha sido alienado por el grupo, que siempre demanda sumisión incondicional so pena de ser marginado, excluido.
Familias enteras, de la noche a la mañana, son obligadas a abandonar sus casas, sus pertenencias y conducidasen masa hacia camposde concentración, todo ello con la indiferencia, cuando no el regocijo y el aplauso, de los hasta entonces pacíficos vecinos.
El padre de Henry, nacionalista chino, que odia a los japoneses, obliga a su hijo a llevar cosido en la ropa la leyenda «soy chino» para no ser confundido con «el enemigo»
Esta historia me hace reflexionar sobre "nuestra guerra" , la actual crisis económica que saca lo peor y también lo mejor de nosotros, como en todas las guerras.
Sorprende como en tiempos de crisis, el sentido común, que es lo que debería iluminar a muchas personas, desaparece para dejar paso a al pensamiento infantil del autoengaño y justificación. El miedo parece tener un poder tan extraordinario que a muchos se les nubla el entendimiento hasta el punto de no querer ver lo evidente y buscar justificaciones alucinantes a comportamientos poco éticos, a situaciones injustas cuando no fragrantes injusticias (desahuciados sin futuro, desempleados jóvenes y cincuentones sin posibilidad de recolocación, dependientes sin ayuda, inmigrantes sin tarjeta sanitaria, estudiantes e investigadores sin becas, clases masificadas, urgencias desatendidas, copagos, amnistías fiscales, prevaricaciones, enchufes, pagos en B, sobres , mentiras ....)
Buscar refugio en lo irracional, en los sentimientos más primarios, en el sometimiento al líder, quizás tiene sentido en la supervivencia en el medio natural, o lo tenía en los grupos humanos primitivos. En está sociedad de la información más apabullante ,o quizás también por eso, por la falta de reflexión ante todo lo que nos llega, están empezando a surgir cada vez más situaciones que son terreno abonado de para «salvadores» de oscuros propósitos, «vendedores de crecepelo» que sólo buscan hacer caja y también para miserables sin escrúpulos cuyo objetivo último y motor de todas sus acciones es mantener su poder y sus privilegios a costa de todos los demás y disfrazándolo con agravios, enfrentamientos de unos con otros (el tristemente famoso «y tú más» y el «hemos vivido por encima de nuestras posibilidades» «nos roban en tal o cual región» ...)
También es el momento de los sectarios, que nunca han luchado por lo unión de fuerzas y el consenso de mínimos sino por la conversión de "los otros" a sus ideas, a sus grupos.
Cuando todo esto se instala en política estamos abocados al desastre.
Claro que saldremos de esta, pero ¿cuál será el coste que habremos de pagar?
Cuando era un niño pensaba que los sinsabores que el día a día me deparaban eran algo pasajero y habría un momento en el futuro en el que nada habría de triste que perturbaría esa inercia hacia lo alegre que de modo natural sentía en los primeros años de mi existencia.
Con asombrosa rapidez, de niño, pasaba de la tristeza al entusiasmo, siempre predominando este último cómo catalizador de mi vida
La melancolía también era omnipresente y aunque la curiosidad y la fascinación por lo nuevo tiraban del ánimo de aquellos días infantiles, muchas eran las horas de esa especie de tristeza auto compasiva. El futuro siempre se veía más feliz. Pensaba que todo era posible. Pensaba en una existencia son dolor, sin violencia, sin maldad ...
Pasan los años y esa tierra utópica, esa arcadia feliz, nunca llegaba del todo. Conforme me iba haciendo mayor y la inocencia iba desapareciendo, me iba dando cuenta que la vida deseada no estaba más allá en el tiempo, sino en el ahora más contundente, y aún con la tristeza y el dolor como compañeras de nuestro viaje por la existencia, también ahora aprecio con más intensidad la felicidad, el entusiasmo y sobre todo, la belleza que la vida me regala, que tengo, qué todos tenemos ahí delante y que cuando se es joven no se sabe apreciar lo suficientemente.
En estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir, más que nunca debemos trasmitir a nuestros hijos lo que los años no ha enseñado, que las dificultades, el dolor, tristeza y desánimo nunca desaparecen pero que están también ahí conviviendo con la esperanza, el entusiasmo, el amor,y sobre todo la belleza.
Felices fiestas y feliz año nuevo.
De joven, yo no conocía lo que significaba tristeza. En busca de inspiración,
solía subir a las torres, pagodas y altos pabellones, y lograba versos bien melancólicos. Ahora que he experimentado y probado todos los sinsabores de la tristeza, quiero expresarla mas no puedo. No consigo decir sino: ¡Qué fresco está el tiempo! ¡Qué hermoso el otoño!
Interesantes reflexiones de Leslie T. Chang , periodista norteamericana que durante dos años convivió con trabajadores (principalmente mujeres jóvenes) en las fábricas del sur de China.
Nuestros padres y abuelos quizás tuviesen los mismos sueños e inquietudes en aquellos años de desarrollismo en Europa.
Me he acordado de mi tía, que con unos veinte años emigró a Alemania y trabajó en Hannover: Seguro que se parecía mucho a estas chicas de las que habla Leslie.
Escucho en la radio mientras me afeito antes de empezar mi jornada de trabajo: "Noticia de última hora. Según ha podido saber esta emisora se está produciendo una importante redada contra el fraude fiscal, la fuga de capitales y otros delitos. Hay cursada orden de detención para un centenar de personas..."
Por un instante pienso que ya era hora de empezar, aunque me resulta raro porque de un tiempo a esta parte se han evadido en un solo año más de 200.000 millones de euros, además de decretarse inútiles y nada edificantes amnistías fiscales, así como vergonzantes rescates (que todos estamos pagando y pagaremos) a una banca tan ambiciosa como carente de escrúpulos y además negligente (pero sabedora ¡ay! de que "siempre gana", como estamos viendo) ... y no ha pasado NADA.
Resulta raro una operación de este tipo, pero bienvenida. Hay que empezar ya a limpiar... pero... Sigue el noticiario y ..." Se ha procedido al registro de naves de un polígono industrial regentado por chino..."
¡Vaya, no es lo que pensaba ...!
No dudo que el señor Gao Ping, presunto cabecilla, sea un chorizo de cuidado, pero poner el foco de esta manera, rueda de prensa del fiscal de anticorrupción incluida, sobre la comunidad china, alimentando la leyenda urbana del "no pago de impuestos de comerciantes chinos" , me parece inaceptable.
La visibilidad de esos ciudadanos les hace ser fácil objeto para la manipulación informativa y así hacer creer a incautos y no informados de que ahí está el origen de todos los males, en el "desprecio a las leyes de esos extranjeros que aquí vienen a quitarnos el pan ", pueden muchos pensar con simpleza.
La chinofobia, y por extensión, la xenofobia, se alimentan con el tratamiento sensacionalista y poco riguroso de sucesos como el que comento.
Resulta decepcionante, frustrante y triste comprobar como "se van de rositas" los verdaderos causantes de esta crisis que padecemos y que parece que no tiene final.
Los que han dilapidado miles de millones de nuestra riqueza como país, siguen ahí, en los círculos de poder, cuando no en el mismo poder.
Los que han llevado a la ruina a miles de familias y se han marchado con indemnizaciones millonarias de bancos que ahora rescatamos, no han pagado, ni pagarán su mal.
¡ 40.000 millones de euros! Es parte del precio que nosotros y nuestros hijos tendrán que pagar ...
¡ Y no pasa nada...!
Se deja sin cobertura sanitaria a inmigrantes que ayudaron en su momento a que el país creciese. Se les empuja a irse , un millón menos de habitantes en poco más de un año, sin miramientos, sin que nadie con poder haga nada, mirando para otro sitio... Ahora que se quedaron sin trabajo son ciudadanos de segunda y nadie recuerda cuando se necesitaban, cuando limpiaban la casa o las babas al abuelo mientras otros trabajan. Cuando hacían ese trabajo ingrato que ahora escasea... Qué injusto.
La mirada que gira al fácilmente visible, ya sea chino, negro o andino, no debe despistarnos del meollo del problema de esta sociedad enferma. A mí no me engañan. Los verdaderos ladrones están en consejos de administración de bancos, grandes corporaciones y sentados en escaños de parlamentos y corporaciones varias. No soy ningún radical peligroso. Me tengo por persona, pacífica, dialogante y nada dogmática, pero esta crisis me está abriendo los ojos de tantas miserias humanas ...
Posiblemente en señor Gao Ping y sus compinches será condenado merecidamente, pero no olvidemos que son muchos más y con apariencia más honorable los que a diario nos roban.
Hoy, un electricista que ha realizado unos trabajos en casa, me ha mirado sorprendido cuando le he pedido la factura.
Me responde:
-Es esa.
- No. Es una nota, aquí no pone el IVA- le respondo.
-Yo no te cobro IVA".
- Prepáramela con IVA y mañana me paso por la tienda - le digo al final.
Ha debido pensar que soy un imbécil, y quizás no le falte razón. Yo mismo, viendo lo que hacen con mis impuestos , me dan ganas de ocultar como Gao Ping, el dinero que gano, pero es una cuestión de egoísmo. Sí de egoísmo. Quiero poder seguir mirándome al espejo sin avergonzarme y poder continuar educando a mis hijas en la honradez y la libertad . Es cuestión de egoísmo repito. Quiero seguir siendo libre, ya que tengo el convencimiento de que el ejercicio de la honradez te hace más libre, y yo, egoístamente quiero ser libre y poder dormir con la conciencia tranquila.
Recomiendo su lectura a todas aquellas personas que, como yo, asistimos atónitos y preocupados a la deriva, no sabemos hacia dónde, que se está produciendo en este rincón del planeta.
También me ha hecho pensar mucho ( y sonreír ¡gracias!) esta entrada del blog de Toño Fraguas titulada "Churrilandia, Cataluña y España en 10 puntos".
Las crisis sacan lo mejor y lo peor de los seres humanos y la queja, la crítica y la alternativa debe estar siempre presidida por la reflexión, el sentido común y el respeto. Todas estas cosas parecen que se tiran por la borda cuando las cosas van mal y en la desesperación uno busca soluciones sencillas a problemas difíciles que sólo empezarían a resolverse si cada cual intentase "ponerse los zapatos" del otro y con el respeto, la sensatez y la búsqueda racional de las soluciones, quizás empezaríamos a cambiar las cosas.
No hay patria alguna más allá de la de la convivencia cotidiana y del respeto a unos mínimos democráticos. Esa es la raya roja. En estos tiempos de zozobra esa línea de no retorno se está empezando a cruzar y me preocupa.
Como decía en mi última entrada, debemos exigir que la decencia de nuestros gobernantes sea la norma y no la excepción. La mayoría de las personas sólo quiere vivir en paz ya que, como dice Vidal-Folch, no tenemos donde ir, ya que podríamos ir por todo el mundo comprobando que en todas partes hay gente encantadora, y que todas las naciones tienen un montón de “muertos en el armario”.
Este blog, cuyo título "Pasión por China", podría inducir a la creencia equivocada de que quien escribe tiende a idealizar el país de nacimiento de sus hijas cual "arcadia feliz", cuando en realidad, no es más que un modesto intento de trascender estas fronteras, estos momentos concretos y este "espacio-tiempo" tan efímero que vivimos y tomando a China como referente lejano y sentimental, no intentar hacer más que poner una excusa para dar las gracias al país que me dio a mis hijas y para reflexionar, compartir y comentar sobre la variedad y riqueza humanas. Este blog podría haberse titulado Pasión por la India, Haití, Rumanía, Marruecos, Etiopía o Perú .... o mejor "Pasión por la Vida". No hay fronteras en el fondo del alma humana y lo que hoy vivimos con el tiempo dejará de ser. No lo olvidemos. Sólo el Cosmos permanece y con él nuestra especie y lo que una vez amamos y vivimos y también sufrimos. Eso siempre existirá. Lo ya vivido es y siempre será. No puede cambiarse. Español, catalán , chino o somalí no son más que circunstancias espacio-temporales que en absoluto nos deben desviar de que lo importante son las personas que habitamos este "este diminuto y pálido punto azul" orbitando alrededor de una estrella en el extremo de una galaxia cualquiera de las miles de millones de ellas.
Desde la racionalidad, el respeto y la humildad de que nadie es más ni mejor que otroy todos tenemos un lado oscuro, luchemos por sumar, unir y acordar sin dejar de ser críticos siempre con lo que consideremos que merece ser revisado. Todos tenemos una patria que nos une (aunque no seamos capaces de verla) como la que describe de Wu Weiye (1609-1671) en este hermosos poema. Una patria por la que luchar. Para algunos será jugar con sus hijos. Para otros ese lugar desde donde se contempla la ciudad al atardecer. Para otros el rato de charla con los amigos en el bar. Para otros la paella del domingo en casa de los abuelos. Para otros ese fin de semana en la casita del campo ...