19.2.12

Contemplando la vida




                       En la posada, solo, permanezco
desvelado ante una lámpara gélida.
Está mi corazón de viajero
en honda melancolía inmerso.
Mi pensamiento atraviesa mil leguas
para llegar a mi tierra natal.
Mañana van a encontrar más blanca mi cabellera.

                                                                                                   Gao Shi  s.VIII


Como el viajero melancólico en tierras lejanas que añora su origen, así yo hoy observo esta primavera que se anuncia y mi pensamiento regresa a  mi infancia y juventud. Aquel dulce lugar  donde aún todo era  posible y por llegar.
Contemplando el tiempo, con sus ciclos inexorables me siento pequeño y sencillo y a la vez agradecido de vivirlo.
Mis preocupaciones en cierto modo se aletargan cuando,  a través del cristal en esta mañana luminosa de febrero contemplo la buganvilla que ayer podé. Sin ramas ni hojas,  un tronco central  trepa hacia la luz. Contemplo mis manos con los arañazos del trabajo anual de prepara esta planta para que el calor de la primavera y la luz cada vez más cenital convierta estos pardos muñones en exuberantes ramas de hojas verdes y rosadas.  Cuando el calor del  verano apriete con fuerza,  lucirá esplendorosa y en su cercanía disfrutaremos del frescor de la noche...
Y cuando tras la  tormenta salga el sol, sus hojas delicadas se adornarán con hermosas gotas de agua.
Igual que los arañazos de mis manos, desaparederá el frío y un nuevo verano llegará.
Sigo contemplando la vida ....







4.2.12

MEDITACIÓN MELANCÓLICA




Con los ojos angustiados,
contemplo la escarcha.
En medio de la ciudad congelada
florecen crisantemos seductores.
El viento cae del cielo y quiebra
las ramas de los sauces llorones.
Las tristes notas de una flauta
me arrancan lágrimas.

El agua tranquila refleja
 sombríos y rectos pabellones.
Con el sol de poniente
se tornan obscuros los montes.
Las aves ya han vuelto a sus nidos.
Sólo oigo agudos lamentos
de los cuervos trasnochadores

Du Fu (s. VIII)



Si la semana pasada expresaba mi perplejidad por la deriva política, social y económica de nuestro país, ahora deseo transmitir mi desánimo más absoluto ante la falta de esperanza en que los asuntos que más nos preocupan empiecen a resolverse. Si la luz al final del tunel se aleja ¿Qué podemos hacer?

Siento mucho decirlo, pero cada vez más constato la profunda diferencia que nuestro pueblo tiene con el resto del llamado "entorno europeo" y que nos ajeja cual balsa que se desprende de su amarre y se desliza lenta, pero irremediablemente, con todos dentro hacia la catarata que nos disgregará y hará que los que en ella vamos acabemos, ahogados unos, y los afortunados que se salven, lo harán tras una profunda lucha, solos y en otro lugar.

Casi treinta años llevo levantándome todos los días para ir a trabajar a mi escuela  con el mayor ánimo posible, intentando cumplir lo mejor que sé con mi deber.
Siempre me he entregado al máximo e intentado aprender de mis errores y perfeccionar mi manera de trabajar.
Atento siempre al tiempo que me ha tocado vivir,  me he preocupado por reciclar mis conocimientos y ponerme al día ante los desafíos tanto de tecnología como de actitud ante las exigencias de la sociedad y seguir transmitiendo ilusión por el conocimento, curiosidad por lo novedoso y herramientas para el aprendizaje que nunca termina, así como coraje para sobreponerse a los obstáculos y poner en marcha la creatividad personal.
Cada año, cada curso escolar, tras el necesario descanso, he retomado el trabajo como si fuese el primero. Como si cada curso fuese el primero de mi carrera y las ilusiones fuesen las que dominasen a otros sentimientos.
Durante casi treinta años apenas he faltado a mi trabajo. La salud siempre me ha acompañado y espero que así sea durante muchos años más,  aunque ahora lo que siento, y cada vez más es : cansancio. Noto que la fuerza, la energía,  me abandona cada vez más pronto y necesito el descanso con más frecuencia que antes  para mantener el nivel que me he auto exigido toda mi vida.
Por todo esto, siento con tristeza que los tiempos que se avecinan, en mi trabajo, como en tantos otros ámbitos, serán muy duros y no sé si estaré a la altura de los retos que se me plantearán.

Ayer, la lectura de un titular de prensa (uno más), más allá de la indignación, lo que me produjo fue tristeza.

"La Xunta dejará de pagar los 21 primeros días de baja de un funcionario"

 Sucede actualmente en Madrid, va a ocurrir en Galicia y mucho me temo que pronto será en toda España.  Nuestros políticos, incapaces o sin voluntad de combatir el fraude y necesitando dinero, toman injustas medidas como esta. Es un gran retroceso y la confirmación de la estrategia de desmontar todos los avances sociales.
Ahora que ya voy haciéndome mayor y que las "averías" empiezan a surgir, ahora que cada vez más me cuesta estar al cien por cien, ahora precisamente  que el nivel de exigencia es mayor por parte de Administración, padres y niños, ahora  precisamente dejarán de pagarme cuando tenga una baja médica.
Tras la indignación me sobrevino una gran tristeza  cuando leí algunos comentarios a esa noticia, que como siempre ocurre, vuelcan su resentimiento, sus frustración  en los funcionarios (metiéndonos a todos en el mismo saco)
Va a ser verdad lo que oí un a alguien en la radio:  España es un país de envidiosos e ignorantes gobernado por inútiles sinvergüenzas.  Muy exagerado e injusto, pero la verdad es que la corrupción y la tolerancia que nuestra sociedad tiene ante ella es quizás una de las claves de nuestro problemas y que nos diferencia de nuestro "entorno europeo".

Me preocupa que la sociedad que le vamos a dejar a nuestras hijas sea peor que la que nosotros recibimos de nuestros padres y parece que si nada lo remedia así va a ser.

Dicen que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades  (yo nunca lo he hecho) y lo que pienso es que, en realidad nos han robado por encima de nuestras posibilidades.


No veo ante mí al hombre del pasado,
ni detrás al no llegado.
Pensando en lo infinito que es el universo,
derramo lágrimas, solo, en la tristeza inmerso.

Chen Ziang (s. VIII)

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