28.10.06

La Buena Tierra, Pearl Buck


Lo último que he leído ha sido "La Buena Tierra" de Pearl Buck.
Retrata la sociedad rural china del primer tercio del pasado siglo. Me ha gustado que a pesar de las terribles situaciones que en muchas ocasiones describe, éstas las hace sin emitir juicios morales, de una manera tal que uno puede llegar a comprender las reacciones de los protagonistas (no siempre compartidas) Como ya he leído en otras creaciones, el trato dado a la mujer en aquellos tiempos era absolutamente denigrante. La denominación de esclavas para referirse a las niñas, lo dice todo.



En definitiva una buena novela que se lee del tirón y que te abre los ojos sobre el injusto papel que las mujeres han tenido (y desafortunadamente tienen en muchosa lugares) y de lo mucho que se ha progresado en este terreno y de lo que aún queda por delante. También en la novela se tratan otros muchos temas sobre los que pensar. Es una novela que engancha desde un principio, se lee muy bien y sobre todo, que una vez finalizada nos vuelve del fondo de la memoria para hacernos reflexionar. Recomiendo su lectura.

Pearl Buck fue "rehabilitada"por las autoridades chinas hace unos cuantos años. Tras décadas de ser considerada por la Administración china como alguién poco recomendable y cuyos libros fueron prohibidos, se le hizo un homenaje oficial en Nanjing, ciudad en la que vivió 15 años.

22.10.06

Escuela y Sociedad



Creo que nunca he dicho que mi trabajo, lo que me da de comer y a lo que he dedicado y dedico toda mi vida profesional es la enseñanza. Soy maestro. Desde que comencé hasta hoy en día he podido comprobar como lentamente se ha ido deteriorando todo este mundo de enseñanza-aprendizaje, de trasmisión y refuerzo de valores, de preparación para el futuro, que es mi trabajo de maestro.
Ese deterioro no lo es en cuanto a medios, ya que en la actualidad tenemos de todo. Nunca se han tenido tantas herramientas para poder facilitar a los chicos el aprendidaje, el conocimiento del mundo y de sí mismos. Nunca los maestros hemos dispuesto de tantas maravillas tecnológicas y de tantos medios de todo tipo para poder enseñar, pero en cambio ahora es cuando las condiciones en las que se enseña están en peores circunstancias.
Yo observo, vivo y a veces sufro las circunstancias de este momento social, que como es natural tienen su reflejo en la escuela.

El problema principal, bajo mi punto de vista, es la delegación que la sociedad ha hecho de valores fundamentales que antes todos asumían, principalmente la familia y que ahora, parece que sólo la institución escolar defiende, promueve e intenta mantener a flote. Muchos padres, por las especiales circunstancias del mundo del trabajo, de la necesidad de ganar dinero o simplemente por el mantenimiento de un modo de vida en consonancia con la sociedad consumista, hacen dejación de su función de educadores de sus hijos. Padres que no tienen tiempo, que apenas charlan con sus hijos, que les dan todo tipo de caprichos (a veces compensando su mala conciencia) y que dejan a sus hijos en la escuela para que sean allí educados y formados adecuadamente, haciendo dejadez de algo que es función de ellos principalmente. Es en la escuela donde los chicos se dan cuenta por vez primera que viven en sociedad, que deben controlar sus impulsos, que deben aparcar sus caprichos y que deben esforzarse y dejar el juego para otro momento.
Hay muchos niños que reciben el primer NO en la escuela. Niños acostumbrados a no tener ningúna educación, ni buena , ni mala ni regular, ninguna.
Mantener el orden y la motivación y la necesaria disciplina para poder concentrarse en el aprendizaje es a lo que dedicamos la mayor parte de la energía los maestros, no siempre con buenos resultados ya que cuando las quejas se trasladan a los padres, éstos, muchas veces te manifiestan su impotencia con la educación de sus propios hijos cuando no se ponen de parte de sus hijos y en contra de ti, el maestro.
Antes la sociedad entera educaba. Los niños tenían respeto por sus mayores y toda "la tribu" como dice el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, colaboraba en esta tarea. Ahora no es así y los maestros muchas veces sentimos la soledad y la sensación de que nuestras energías por mejorar, por hacer de nuestros alumnos buenos ciudadanos se desperdician. Por otro lado, la Administración cada vez demanda de la escuela unos resultados casi como si de una empresa se tratara. Los criterios economicistas, de gestión de empresa, se trasladan al mundo de la enseñanza con todo lo que esto supone. En fin, es todo muy complejo y de difícil solución porque la misma sociedad es compleja y con problemas de difícil solución.

Cuando regresé de China la primera vez sufrí una crisis importante en relación a mi trabajo.
Venir de una sociedad (la sociedad rural de China) donde la enseñanza carece de medios absolutamente. Donde el profesorado no existe o está escasamente formado. Donde falta hasta la tiza para escribir. Donde muchos niños abandonan la escuela para poder trabajar y ayudar en sus familias, en fin donde aún, el círculo vicioso de la pobreza hace que formarse sea un lujo y no al alcance de todos y encontrarme por contraste y de golpe con una escuela llena de ordenadores, biblioteca, videos, actividades extraescolares, profesores especialistas, etc, etc,... y con niños desmotivados, padres negligentes, etc, etc,... Este contraste provocó en mí una crisis de la que me costó salir. Empecé a tener el llamado "síndrome del quemado". Algo impensable hoy por hoy en las sociedades agrarias China y de la mayor parte del planeta. Tenía la sensación de querer y no poder, de desperdicio de energías haciendo tanta falta en otros lugares....
Sobre como es la escuela en la China rural recomiendo ver las películas "Ni uno menos" y "El camino a casa" de Zhang Yimou y leer el libro "El diario de Ma-Yan". Pobreza y condiciones duras pero respeto y valoración de la figura del maestro y de la importancia de aprender.

12.10.06

Adopción: Familias unidas con lazos de Amor



Cuando los medios de comunicación tratan el tema de la adopción, las familias que nos hemos formado de esta manera prestamos especial atención. A veces se hacen reportajes y escriben artículos rigurosos, emotivos y veraces. Como en un espejo, nos vemos y sentimos que eso también nos pasó a nosostros.
Como ejemplo de emotividad, de sentimientos hondos en torno al hecho de ser padres mediante la adopción, reproduzco más abajo un artículo publicado esta semana en ABC.

También nos vemos reflejados en estos tres reportajes de la Cadena Cuatro que cuentan en fascinante viaje hacia una hija muy deseada y que nos espera.

«Made in China»

Por LAURA CAMPMANY

IMAGÍNENSE ustedes una mujer desesperada. Tan vacía, que ansiara un dolor en su vientre. Una mujer que se hubiera ya puesto en cuatro manos, abierto en seis promesas, pinchado en cien agujas, gastado en un infierno de quincenas, naufragado en mil cólicos de sangre. ¡Desconfíen, amigos, de las ciencias impuras! Y que un buen día, desde esa tierra yerma que habitaba, seca como una huerta sin goteo, vio crecer una flor que era de nadie. Imagínense ustedes a esa flor esperando ser, como Cui-Ping-Sing, todo lo claro, y el cisne, mucho más que la ceniza. Hubo que atravesar frías montañas, pero esa flor ya tiene quien la cuide. Se llama Laura, es mi hija, y acaba de cumplir cuatro años.

Les contaré que nació en China, como las naranjas, y que nos la entregaron en una notaría de Kunming. El Vitorio y yo habíamos salido a fumar al balcón y, de regreso a la oficina, nos la encontramos tendida en el sofá, la última de siete, esperando su turno en el reparto. Tan menuda y plegable, a sus once meses, que cabía holgadamente en la mochila. Por eso, y porque entonces aún atendía por Pei Ling, que según nos explicaron significa algo así como «niña de Jade», empezamos a llamarla Piolín. Tenía el peso de un pájaro. Llevaba puesto un pijama muy viejo, casi rosa, casi azul y casi nada. Y debajo, unos leotardos rotos. Y, a pesar del calor, unos patucos medio deshechos y una gruesa chaqueta. Lo que se dice el fondo de su armario.

Cuando nos la apretamos contra el pecho, aquella niña destinada a ser nuestra, pero todavía muy suya, se limitó a mirarnos fijamente, como esculpiendo en sus pupilas una larga pregunta, y a explorar con sus dedos nuestros trémulos labios. Creo que le atraían nuestros dientes, o quizás nuestras voces -impostadas para darle una aguda, musical bienvenida-, o quizás nuestras derretidas, claudicantes sonrisas. Estaba muy cansada por el viaje, y también -supe luego- por la fiebre, pero ya muy feliz y hasta ofendida. Quizás nos reprochara un año de soledad. Un año vivido peligrosamente. Un año sin un amor que la tapara. Ni el osito, ni el payaso de trapo, ni ninguno de los muchos objetos que le ofrecimos, consiguieron distraerla de su mudo, sereno, lacerante escrutinio.

¡Cómo explicarles cómo nos miraba! O cómo gorjeaba cuando le dimos el primer biberón. Cómo sonreía cuando le cambiamos el pañal y separamos, con un cuidado casi quirúrgico, su piel, tan fresca, de toda aquella ropa moribunda. O cómo disfrutaba cuando la sumergimos en un baño de agua tibia por el que navegaban tres solemnes patitos. No tardamos en descifrar su lenguaje monosilábico: el «ta» de su entusiasmo y el «na» de su disgusto. O cómo se reconcilió con el mundo cuando la acostamos en una cuna irrepetible, única como su valiente latido, indestructible como su fuerza admirable, risueña y celestial como su cara.

Mi hija, allá en su China de origen, dormía como un junco y se despertaba como un tigre, emitiendo un rugido de hambre. El «berrido ultrasónico», lo llamábamos. Después hubo ese vuelo interminable, los purés, los jarabes, los chupetes, análisis, pediatras, vitaminas, visitas, más juguetes, noches blancas, nerviosismos al borde del infarto... Nada que ustedes, claro, desconozcan. Pero a quien piense que adoptar un hijo es un modo distinto de ser padres, no le voy a decir que se equivoca. Es mucho más que todo lo soñado: un parto donde empujas con el alma. Yo, que tanto temí cegar mis genes, o alzar un simulacro de familia, o darme un asidero vulnerable, o robarle una fresa al paraíso, o caerme del nido de las águilas, sólo lamento haber tardado tanto en librarme de miedos y soberbias, y en dejar que la vida me trajese un ángel «made in China» de regalo.

7.10.06

Curse of the Golden Flower
『夜宴』預告 The Banquet

Cine Épico



En los últimos tiempos se ruedan en China películas de elevado presupuesto y de temas épicos. Historias ambientadas en la antigua China con héroes, villanos, heroínas, amores, artes marciales, batallas llenas de extras...
Grandes directores como por ejemplo Chen Kaige (con The Promise) , Zhang Yimou y Feng Xiaogang (El Funeral del Jefe) han realizado sus últimas películas siguiendo lo que parece que se va convirtiendo en un género cinematográfico de exito en la China emergente y en los países occidentales.

Como muestra, la noticia de que las dos películas que representarán a China en la selección a la mejor película extranjera en la próxima edición de los Oscar de Hollywood son Curse of the Golden Flower y The Banquet (en representación de Hong Kong) dirigida la primera por Zhang Yimou y protagonizada por Gong Li y la segunda por Zhang Ziyi y dirigida por Feng Xiaogang.

1.10.06

Sentir sin ver ni oir


¿Cómo “nos vemos” cada uno de nosotros? ¿Cómo “nos ven” los demás? En multitud de ocasiones nos miramos en el espejo y no nos gusta la imagen que éste refleja, otras veces ese mismo espejo nos devuelve un “nosotros” que se ajusta mejor con la idea que tenemos de nuestra persona. Cuando nos vemos en una foto casi siempre no nos gustamos. Esa imagen no casa con la que en nuestro cerebro tenemos de nosotros mismos. Nuestro estado de ánimo es tan importante, la selección que hacemos de los ragos que el el espejo nos devuelve es tan decisiva para “reflejarnos”, que podríamos decir que “así me siento así me veo”. De igual manera, los rasgos étnicos de las personas, sin quererlo nos condicionan a la hora de hacernos una imagen del “otro” y nos distraen de la esencia de las mismas.

Pienso en esto por que ayer vi en la televisión la noticia de que Gennet Corcuera, ciega y sorda va a ingresar en la Universidad.

Es la primera persona en España que lo hace en tales circunstancias. Su vida es un ejemplo de superación y su familia un modelo de Amor. Nació en Etiopía y fue adoptada a la edad de siete años. Cuando se le pregunta "qué importancia ha tenido en su vida ser negra", ella responde que "nunca nadie me ha hecho sentir diferente por este motivo". Como Gennet no sé ve así misma, no sabe lo que es sentirse distinta por el color de piel. Su madre es blanca y rubia y ella negra y con el pelo rizado pero no es el color de su piel, que ella no ve, ni los comentarios que otros puedan hacer, que no oye, lo que ella percibe. Los otros tres sentidos le sirven para interaccionar con el mundo. Le ayudan a hacerse una imagen de ella y los demás, que es percibida con el tacto, el sabor y el olor. En ese su mundo, el color de la piel, la forma de los ojos, no tiene importancia. ¿Qué vemos nosotros en Gennet? ¿Qué “ve” ella de nosotros? Seguramente el conocimiento que tendrá de sí misma y de los que la rodean y la quieren será muy genuino, muy ajustado a la realidad y desprovisto del “engaño” que la imagen que la luz que nos refleja nos da a veces.

Todas las familias que se han formado mediante la adopción y en cuyo seno hay miembros con rasgos étnicos diferentes, sabemos que en la cotidianidad de nuestras vidas esos rasgos, que es lo que los demás primero ven, para nosotros no están en un primer plano. Nosotros “no vemos” a nuestras hijas como los demás “las ven”. He reflexionado en que nuestras hijas también fueron adoptadas, como Gennet pero ellas sí ven y oyen.

Ellas cuando ven la imagen que el espejo les devuelve se ven ellas sin más, sin adjetivos. A veces, quizás puedan verse como chinas que viven en un entorno que no es el de China, pero no es así la mayoría de las ocasiones. Oyen los que otros comentan al asociar sus rasgos con el país de origen y a veces eso les hace pensar y hacerse preguntas.

Por ahora todo va bien y su “etnicidad” está bien armonizada en sus vidas. Los demás, a veces, asocian poseer una cara, unos ojos diferentes, con cosas a las que mis hijas ahora son ajenas: una lengua, una forma de ser , unas costumbres... Confío que como Gennet, en el futuro sepan “ver” lo esencial, que no es otra cosa que el Amor: amor propio, amor de la familia, amor de los amigos y el considerarse persona sin más, sin adjetivos. Y que sepan relativizar lo que otros ven en ellas y que no se ajusta a como ellas verdaderamente puedan sentir. El futuro al que aspiramos es aquel en el que el color de piel, los rasgos étnicos no tengan importancia y que lo que nos diferencie verdaderamente sea nuestra calidad como seres humanos. Es lo que intentamos transmitirles.

Hace unos años, organizamos en mi ciudad un Encuentro Nacional de Familias Adoptantes en China y escribí por entonces:

Compartimos todos una bella historia de amor. Nuestras hijas nacidas en otro lugar distante de este mismo planeta, que crecen, aprenden y aman en un lugar distinto del que las vio nacer, son la viva representación a lo que aspira la Humanidad: Formar una única familia con distintos orígenes y rasgos y cuyo vínculo entre ellos no sea la sangre, sino algo más importante, el amor.

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