La imagino sentada en su mesa atenta a las explicaciones de su profesor. Es una niña curiosa y muy perspicaz. Es voluntariosa y como decimos por aquí, muy zalamera. A todos quiere agradar y con todos quiere llevarse bien. Es una niña que "cae bien" y que sabe estar en los sitios. En clase es obediente y muy trabajadora y disfruta aprendiendo y es muy querida por todos los que la rodean ; por supuesto por sus profesores. Tiene nueve años y es mi hija pequeña. Por ser ella y no otra niña , su profesor de Conocimiento del Medio, el pasado lunes se sorprendió al verla llorar en su sitio, sin apenas hacerse notar, en plena explicación y sin motivo aparente alguno. Preguntó en voz alta qué es lo que le pasaba y ella agachó la cabeza y negó con un
"nada". Finalizada la clase se le acercó y en un aparte le volvió a preguntar y entonces le dijo.
Es que me ha recordado a "mi historia". Entonces el profesor lo entendió todo y comenzó a sentirse mal. Intentó consolarla lo mejor que supo y más tarde , realmente compungido me contó lo ocurrido y muy sinceramente me manifestó su pesar por no haber caído en la cuenta de la singularidad de nuestra hija.
La clase iba de "La Reproducción Humana" y como ocurre desgraciadamente en muchos textos en España, para hacer comprensible los conceptos se asocia en exceso y de un modo muy simple y sin matiz alguno el hecho biológico de reproducción a la maternidad-paternidad y a la formación de la familia.
Comprendo los sentimientos de mi hija cuando leían párrafos como el que sigue o contemplaba ilustraciones con el pie de foto como las que ilustran este "post"
(Conocimiento del Medio de Cuarto de Editorial SM)
Desde siempre "su historia", "nuestra historia" ha sido vivida con la mayor naturalidad posible, convenientemente contextualizada y adaptada a la edad en cada momento. "Su historia" ha sido vivida en positivo siempre con la intención de minimizar aquellas situaciones en las que la vida le lleve a recordarla, a ponerla en primer plano; pero se comprueba que por mucha preparación que uno lleve, los sentimientos afloran y te pueden hacer sufrir cuando menos lo esperas.
Su hermana mayor, en teoría de carácter más sensible, cuando pasó por este mismo tema no expresó pesar alguno, o quizás se lo guardó para sí , lo cual me preocupa.
Nosotras, las familias formadas mediante la adopción debemos saber que por muy preparados que estemos nunca podremos reprimir los sentimientos de nuestros hijos y debemos saber que el sufrimiento íntimo, personal, siempre estará ahí y nuestra obligación es empatizar al máximo, sin minimizar y sin reprimir.
Mi hija pequeña lo pasó mal y yo, luego al saberlo sufrí con ella e intenté hacerle comprender que ese sentimiento suyo también es mío, pero lo que ella siente nunca lo sentiré yo.
Como niña inteligente y sana, no ha seguido dando vueltas al asunto y rápidamente se ocupó de otras cosas. Pero ella y yo sabemos que volverá a pasarle, volverá a pasarnos.