28.10.06

La Buena Tierra, Pearl Buck


Lo último que he leído ha sido "La Buena Tierra" de Pearl Buck.
Retrata la sociedad rural china del primer tercio del pasado siglo. Me ha gustado que a pesar de las terribles situaciones que en muchas ocasiones describe, éstas las hace sin emitir juicios morales, de una manera tal que uno puede llegar a comprender las reacciones de los protagonistas (no siempre compartidas) Como ya he leído en otras creaciones, el trato dado a la mujer en aquellos tiempos era absolutamente denigrante. La denominación de esclavas para referirse a las niñas, lo dice todo.



En definitiva una buena novela que se lee del tirón y que te abre los ojos sobre el injusto papel que las mujeres han tenido (y desafortunadamente tienen en muchosa lugares) y de lo mucho que se ha progresado en este terreno y de lo que aún queda por delante. También en la novela se tratan otros muchos temas sobre los que pensar. Es una novela que engancha desde un principio, se lee muy bien y sobre todo, que una vez finalizada nos vuelve del fondo de la memoria para hacernos reflexionar. Recomiendo su lectura.

Pearl Buck fue "rehabilitada"por las autoridades chinas hace unos cuantos años. Tras décadas de ser considerada por la Administración china como alguién poco recomendable y cuyos libros fueron prohibidos, se le hizo un homenaje oficial en Nanjing, ciudad en la que vivió 15 años.

22.10.06

Escuela y Sociedad



Creo que nunca he dicho que mi trabajo, lo que me da de comer y a lo que he dedicado y dedico toda mi vida profesional es la enseñanza. Soy maestro. Desde que comencé hasta hoy en día he podido comprobar como lentamente se ha ido deteriorando todo este mundo de enseñanza-aprendizaje, de trasmisión y refuerzo de valores, de preparación para el futuro, que es mi trabajo de maestro.
Ese deterioro no lo es en cuanto a medios, ya que en la actualidad tenemos de todo. Nunca se han tenido tantas herramientas para poder facilitar a los chicos el aprendidaje, el conocimiento del mundo y de sí mismos. Nunca los maestros hemos dispuesto de tantas maravillas tecnológicas y de tantos medios de todo tipo para poder enseñar, pero en cambio ahora es cuando las condiciones en las que se enseña están en peores circunstancias.
Yo observo, vivo y a veces sufro las circunstancias de este momento social, que como es natural tienen su reflejo en la escuela.

El problema principal, bajo mi punto de vista, es la delegación que la sociedad ha hecho de valores fundamentales que antes todos asumían, principalmente la familia y que ahora, parece que sólo la institución escolar defiende, promueve e intenta mantener a flote. Muchos padres, por las especiales circunstancias del mundo del trabajo, de la necesidad de ganar dinero o simplemente por el mantenimiento de un modo de vida en consonancia con la sociedad consumista, hacen dejación de su función de educadores de sus hijos. Padres que no tienen tiempo, que apenas charlan con sus hijos, que les dan todo tipo de caprichos (a veces compensando su mala conciencia) y que dejan a sus hijos en la escuela para que sean allí educados y formados adecuadamente, haciendo dejadez de algo que es función de ellos principalmente. Es en la escuela donde los chicos se dan cuenta por vez primera que viven en sociedad, que deben controlar sus impulsos, que deben aparcar sus caprichos y que deben esforzarse y dejar el juego para otro momento.
Hay muchos niños que reciben el primer NO en la escuela. Niños acostumbrados a no tener ningúna educación, ni buena , ni mala ni regular, ninguna.
Mantener el orden y la motivación y la necesaria disciplina para poder concentrarse en el aprendizaje es a lo que dedicamos la mayor parte de la energía los maestros, no siempre con buenos resultados ya que cuando las quejas se trasladan a los padres, éstos, muchas veces te manifiestan su impotencia con la educación de sus propios hijos cuando no se ponen de parte de sus hijos y en contra de ti, el maestro.
Antes la sociedad entera educaba. Los niños tenían respeto por sus mayores y toda "la tribu" como dice el filósofo y pedagogo José Antonio Marina, colaboraba en esta tarea. Ahora no es así y los maestros muchas veces sentimos la soledad y la sensación de que nuestras energías por mejorar, por hacer de nuestros alumnos buenos ciudadanos se desperdician. Por otro lado, la Administración cada vez demanda de la escuela unos resultados casi como si de una empresa se tratara. Los criterios economicistas, de gestión de empresa, se trasladan al mundo de la enseñanza con todo lo que esto supone. En fin, es todo muy complejo y de difícil solución porque la misma sociedad es compleja y con problemas de difícil solución.

Cuando regresé de China la primera vez sufrí una crisis importante en relación a mi trabajo.
Venir de una sociedad (la sociedad rural de China) donde la enseñanza carece de medios absolutamente. Donde el profesorado no existe o está escasamente formado. Donde falta hasta la tiza para escribir. Donde muchos niños abandonan la escuela para poder trabajar y ayudar en sus familias, en fin donde aún, el círculo vicioso de la pobreza hace que formarse sea un lujo y no al alcance de todos y encontrarme por contraste y de golpe con una escuela llena de ordenadores, biblioteca, videos, actividades extraescolares, profesores especialistas, etc, etc,... y con niños desmotivados, padres negligentes, etc, etc,... Este contraste provocó en mí una crisis de la que me costó salir. Empecé a tener el llamado "síndrome del quemado". Algo impensable hoy por hoy en las sociedades agrarias China y de la mayor parte del planeta. Tenía la sensación de querer y no poder, de desperdicio de energías haciendo tanta falta en otros lugares....
Sobre como es la escuela en la China rural recomiendo ver las películas "Ni uno menos" y "El camino a casa" de Zhang Yimou y leer el libro "El diario de Ma-Yan". Pobreza y condiciones duras pero respeto y valoración de la figura del maestro y de la importancia de aprender.

12.10.06

Adopción: Familias unidas con lazos de Amor



Cuando los medios de comunicación tratan el tema de la adopción, las familias que nos hemos formado de esta manera prestamos especial atención. A veces se hacen reportajes y escriben artículos rigurosos, emotivos y veraces. Como en un espejo, nos vemos y sentimos que eso también nos pasó a nosostros.
Como ejemplo de emotividad, de sentimientos hondos en torno al hecho de ser padres mediante la adopción, reproduzco más abajo un artículo publicado esta semana en ABC.

También nos vemos reflejados en estos tres reportajes de la Cadena Cuatro que cuentan en fascinante viaje hacia una hija muy deseada y que nos espera.

«Made in China»

Por LAURA CAMPMANY

IMAGÍNENSE ustedes una mujer desesperada. Tan vacía, que ansiara un dolor en su vientre. Una mujer que se hubiera ya puesto en cuatro manos, abierto en seis promesas, pinchado en cien agujas, gastado en un infierno de quincenas, naufragado en mil cólicos de sangre. ¡Desconfíen, amigos, de las ciencias impuras! Y que un buen día, desde esa tierra yerma que habitaba, seca como una huerta sin goteo, vio crecer una flor que era de nadie. Imagínense ustedes a esa flor esperando ser, como Cui-Ping-Sing, todo lo claro, y el cisne, mucho más que la ceniza. Hubo que atravesar frías montañas, pero esa flor ya tiene quien la cuide. Se llama Laura, es mi hija, y acaba de cumplir cuatro años.

Les contaré que nació en China, como las naranjas, y que nos la entregaron en una notaría de Kunming. El Vitorio y yo habíamos salido a fumar al balcón y, de regreso a la oficina, nos la encontramos tendida en el sofá, la última de siete, esperando su turno en el reparto. Tan menuda y plegable, a sus once meses, que cabía holgadamente en la mochila. Por eso, y porque entonces aún atendía por Pei Ling, que según nos explicaron significa algo así como «niña de Jade», empezamos a llamarla Piolín. Tenía el peso de un pájaro. Llevaba puesto un pijama muy viejo, casi rosa, casi azul y casi nada. Y debajo, unos leotardos rotos. Y, a pesar del calor, unos patucos medio deshechos y una gruesa chaqueta. Lo que se dice el fondo de su armario.

Cuando nos la apretamos contra el pecho, aquella niña destinada a ser nuestra, pero todavía muy suya, se limitó a mirarnos fijamente, como esculpiendo en sus pupilas una larga pregunta, y a explorar con sus dedos nuestros trémulos labios. Creo que le atraían nuestros dientes, o quizás nuestras voces -impostadas para darle una aguda, musical bienvenida-, o quizás nuestras derretidas, claudicantes sonrisas. Estaba muy cansada por el viaje, y también -supe luego- por la fiebre, pero ya muy feliz y hasta ofendida. Quizás nos reprochara un año de soledad. Un año vivido peligrosamente. Un año sin un amor que la tapara. Ni el osito, ni el payaso de trapo, ni ninguno de los muchos objetos que le ofrecimos, consiguieron distraerla de su mudo, sereno, lacerante escrutinio.

¡Cómo explicarles cómo nos miraba! O cómo gorjeaba cuando le dimos el primer biberón. Cómo sonreía cuando le cambiamos el pañal y separamos, con un cuidado casi quirúrgico, su piel, tan fresca, de toda aquella ropa moribunda. O cómo disfrutaba cuando la sumergimos en un baño de agua tibia por el que navegaban tres solemnes patitos. No tardamos en descifrar su lenguaje monosilábico: el «ta» de su entusiasmo y el «na» de su disgusto. O cómo se reconcilió con el mundo cuando la acostamos en una cuna irrepetible, única como su valiente latido, indestructible como su fuerza admirable, risueña y celestial como su cara.

Mi hija, allá en su China de origen, dormía como un junco y se despertaba como un tigre, emitiendo un rugido de hambre. El «berrido ultrasónico», lo llamábamos. Después hubo ese vuelo interminable, los purés, los jarabes, los chupetes, análisis, pediatras, vitaminas, visitas, más juguetes, noches blancas, nerviosismos al borde del infarto... Nada que ustedes, claro, desconozcan. Pero a quien piense que adoptar un hijo es un modo distinto de ser padres, no le voy a decir que se equivoca. Es mucho más que todo lo soñado: un parto donde empujas con el alma. Yo, que tanto temí cegar mis genes, o alzar un simulacro de familia, o darme un asidero vulnerable, o robarle una fresa al paraíso, o caerme del nido de las águilas, sólo lamento haber tardado tanto en librarme de miedos y soberbias, y en dejar que la vida me trajese un ángel «made in China» de regalo.

7.10.06

Curse of the Golden Flower
『夜宴』預告 The Banquet

Cine Épico



En los últimos tiempos se ruedan en China películas de elevado presupuesto y de temas épicos. Historias ambientadas en la antigua China con héroes, villanos, heroínas, amores, artes marciales, batallas llenas de extras...
Grandes directores como por ejemplo Chen Kaige (con The Promise) , Zhang Yimou y Feng Xiaogang (El Funeral del Jefe) han realizado sus últimas películas siguiendo lo que parece que se va convirtiendo en un género cinematográfico de exito en la China emergente y en los países occidentales.

Como muestra, la noticia de que las dos películas que representarán a China en la selección a la mejor película extranjera en la próxima edición de los Oscar de Hollywood son Curse of the Golden Flower y The Banquet (en representación de Hong Kong) dirigida la primera por Zhang Yimou y protagonizada por Gong Li y la segunda por Zhang Ziyi y dirigida por Feng Xiaogang.

1.10.06

Sentir sin ver ni oir


¿Cómo “nos vemos” cada uno de nosotros? ¿Cómo “nos ven” los demás? En multitud de ocasiones nos miramos en el espejo y no nos gusta la imagen que éste refleja, otras veces ese mismo espejo nos devuelve un “nosotros” que se ajusta mejor con la idea que tenemos de nuestra persona. Cuando nos vemos en una foto casi siempre no nos gustamos. Esa imagen no casa con la que en nuestro cerebro tenemos de nosotros mismos. Nuestro estado de ánimo es tan importante, la selección que hacemos de los ragos que el el espejo nos devuelve es tan decisiva para “reflejarnos”, que podríamos decir que “así me siento así me veo”. De igual manera, los rasgos étnicos de las personas, sin quererlo nos condicionan a la hora de hacernos una imagen del “otro” y nos distraen de la esencia de las mismas.

Pienso en esto por que ayer vi en la televisión la noticia de que Gennet Corcuera, ciega y sorda va a ingresar en la Universidad.

Es la primera persona en España que lo hace en tales circunstancias. Su vida es un ejemplo de superación y su familia un modelo de Amor. Nació en Etiopía y fue adoptada a la edad de siete años. Cuando se le pregunta "qué importancia ha tenido en su vida ser negra", ella responde que "nunca nadie me ha hecho sentir diferente por este motivo". Como Gennet no sé ve así misma, no sabe lo que es sentirse distinta por el color de piel. Su madre es blanca y rubia y ella negra y con el pelo rizado pero no es el color de su piel, que ella no ve, ni los comentarios que otros puedan hacer, que no oye, lo que ella percibe. Los otros tres sentidos le sirven para interaccionar con el mundo. Le ayudan a hacerse una imagen de ella y los demás, que es percibida con el tacto, el sabor y el olor. En ese su mundo, el color de la piel, la forma de los ojos, no tiene importancia. ¿Qué vemos nosotros en Gennet? ¿Qué “ve” ella de nosotros? Seguramente el conocimiento que tendrá de sí misma y de los que la rodean y la quieren será muy genuino, muy ajustado a la realidad y desprovisto del “engaño” que la imagen que la luz que nos refleja nos da a veces.

Todas las familias que se han formado mediante la adopción y en cuyo seno hay miembros con rasgos étnicos diferentes, sabemos que en la cotidianidad de nuestras vidas esos rasgos, que es lo que los demás primero ven, para nosotros no están en un primer plano. Nosotros “no vemos” a nuestras hijas como los demás “las ven”. He reflexionado en que nuestras hijas también fueron adoptadas, como Gennet pero ellas sí ven y oyen.

Ellas cuando ven la imagen que el espejo les devuelve se ven ellas sin más, sin adjetivos. A veces, quizás puedan verse como chinas que viven en un entorno que no es el de China, pero no es así la mayoría de las ocasiones. Oyen los que otros comentan al asociar sus rasgos con el país de origen y a veces eso les hace pensar y hacerse preguntas.

Por ahora todo va bien y su “etnicidad” está bien armonizada en sus vidas. Los demás, a veces, asocian poseer una cara, unos ojos diferentes, con cosas a las que mis hijas ahora son ajenas: una lengua, una forma de ser , unas costumbres... Confío que como Gennet, en el futuro sepan “ver” lo esencial, que no es otra cosa que el Amor: amor propio, amor de la familia, amor de los amigos y el considerarse persona sin más, sin adjetivos. Y que sepan relativizar lo que otros ven en ellas y que no se ajusta a como ellas verdaderamente puedan sentir. El futuro al que aspiramos es aquel en el que el color de piel, los rasgos étnicos no tengan importancia y que lo que nos diferencie verdaderamente sea nuestra calidad como seres humanos. Es lo que intentamos transmitirles.

Hace unos años, organizamos en mi ciudad un Encuentro Nacional de Familias Adoptantes en China y escribí por entonces:

Compartimos todos una bella historia de amor. Nuestras hijas nacidas en otro lugar distante de este mismo planeta, que crecen, aprenden y aman en un lugar distinto del que las vio nacer, son la viva representación a lo que aspira la Humanidad: Formar una única familia con distintos orígenes y rasgos y cuyo vínculo entre ellos no sea la sangre, sino algo más importante, el amor.

25.9.06

The Cave of the Yellow Dog



Este pasado verano estuve leyendo un libro sobre la figura de Ghengis Khan. El libro en cuestión es "GENGHIS KHAN Y EL INICIO DEL MUNDO MODERNO"
Me interesaba la figura de uno de sus descendientes, Kublai Khan, fundador de la disnastía Yuan y que a pesar de ser mongol, supo adaptarse a los usos y costumbre de la China de entonces, como ahora, mayoritariamente Han.
Me acuerdo hoy de este libro porque las historias de intrigas y batallas épicas que lo jalonan y que mayoritariamente se desarrollan en las estepas de Mongolia, en nada se parecen a la sencilla, poética y bellísima historia, también sobre Mongolia , que ayer tuve la oportunidad de disfrutar en la película "The Cave of the Yellow Dog". Ésta es la segunda película de la joven realizadora de Mongolia Byambasuren Davaa.


Cuenta con una sencillez impresionante la vida de una familia nómada de las estepas de Mongolia. Los protagonistas se representan a sí mismos. Son una familia real que recrea sus vidas y que trasmiten humanidad cien por cien. Podría ser una famila de cualquier sitio y en cualquier época.



La fotografía es magnífica, la ambientación excelente y el ritmo perfecto.
Armonía con la naturaleza, espiritualidad, sosiego, son conceptos que me vienen a la cabeza al recordar el buen rato que he pasado viéndola.



Si su primera película "La Historia del Camello que Llora" estaba en esta línea de imágenes evocadoras llenas de poesía y de historias sencillas y bellas, esta su segunda realización me ha gusta mucho más.


Recomiendo que la veáis, no os defraudará.

21.9.06

Ghosts



Se presenta en el Festival de Cine de San Sebastián de este año la película Ghosts, del director británico Nick Broomfield. Cuenta una historia basada en hechos reales. Ocurrió en el invierno de 2004. Veintiséis personas de origen chino se ahogaron en las frías aguas de la costa de Gran Bretaña mientras intentaban ganarse un sobresueldo mariscando en la noche. La deuda contraída ante las mafias para poder pagarse el viaje a Gran Bretaña debe ser saldada y el precario trabajo subterráneo que se realiza a diario no basta. La película analiza las condiciones de vida de estas personas y que historias hay detrás de esos nombres que aparecen como protagonistas de un suceso.
Esta es una historia trágica que pone ante nuestros ojos una realidad que a base se oírse en los informativos nos va insensibilizando lentamente. Sólo cuando las historias terribles que a diario nos aparecen en los medios tienen detrás rostro, nombres y apellidos, una familia, hijos, esposa, sueños, engaños..., nos damos cuenta de la injusticia y la verdadera dimensión de las cosas.
La inmigración no reglada hunde sus raíces en la profunda injusticia de este mundo y que nos hace egoístas, temerosos e insensibles con el dolor ajeno. Como dicen que muestra la película, millones de personas viven en el llamado Primer Mundo como fantasmas, fuera de la vista, y lo que es peor, fuera de las conciencias de la mayoría. Pero estos inmigrantes son personas como cualquiera de nosotros, con una historia real que podría ser la nuestra.
Historia triste de inmigrantes chinos, pero que podrían ser perfectamente africanos, americanos o europeos.
Cuando yo era un adolescente viajé a Gran Bretaña un verano a estudiar y al llegar al aeropuerto de Londres, funcionarios de aduanas nos desviaban a un lugar, a una cola por la que no pasaban ni los británicos ni los mienbros del, por aquel entonces Mercado Común Europeo. Nos sometían a los españoles a un largo interrogatorio para asegurarse que íbamos como turistas y estudiantes y no para trabajar. Pedían un mínimo de dinero, un billete de regreso y una dirección donde estuviésemos localizables.
El trato en general al que a los españoles nos sometían no difería mucho del que actualmente se hace en los aeropuertos españoles los ciudadanos de otros países. Las historias de los otros podrían ser nuestras historias. Para muestra esta noticia en un diario de Venezuela en 1949.
La vida da muchas vueltas.

17.9.06

Zhu Litai, defensor de los trabajadores


Ayer leí en China Daily el desmentido de las autoridades de Pekín ante el rumor de que durante los Juegos Olímpico de 2008 un millón de trabajadores inmigrantes que actualmente se encuentran trabajando en la capital será devueltos a casa. Leyendo esta noticia me he acordado de la muy completa y excelente serie sobre la China actual titulada China Rises donde se trata en profundidad los cambios que China está experimentado en las últimas décadas, con sus luces y sus sombras. Me ha venido a la memoria la la figura de Zhu Litai, que aparece en el reportaje como defensor de los trabajadores inmigrantes, de los derechos de aquellos que por las condiciones se su trabajo sufren accidentes y quedan lisiados de por vida.



Es edificante ver como personas con preparación y talento como Zhou Litai, que en la China emergente podrían dedicarse a enriquecerse, dedican su capacidad y sus recursos a defender a los más desfavorecidos.

10.9.06

Cine social : Jia Zhangke

La película Still Life del director chino de la Sexta Generación Jia Zhangke (nacido en 1970) ha sido galardonada con el León de Oro en la Mostra de Venecia de este año.


La película cuenta el impacto que la construcción de la Presa de las Tres Gargantas tiene para los habitantes de un pueblo inundado por la aguas del gigantesco embalse.

En anteriores películas, Jia Zhangke ha escrito y dirigido sobre historias humanas que no pueden desligarse de los acontecimientos políticos en las que se sitúan. Es un cine de contenido social que sólo ha pasado el filtro de la censura con su película The World.
Las tres anteriores, Platform, Xiau Wu y Unknown Pleasures, como ocurre con todas las películas que no se estrenan en salas de cine de China, el público las puede ver mediante las copias de DVD's piratas que se venden por todo el país, o en Universidades y bares donde el control es menos estricto.
Los protagonistas de sus películas son siempre jóvenes y muestran las dificultaldes a las que se enfrentan en una sociedad que cambia a un ritmo vertiginoso.

Sólo he visto de Jiang Zhangke Unknown Pleaures y The World. La primera deja un sabor de boca amargo. Los jóvenes protagonistas intentan adaptarse a una sociedad cambiante en las que sus particulares anhelos a veces no encajan y viene después la consiguiente frustración.



En The World son a los empleados de un parque temático de Pekín, con sus reproducciones a escala de los monumentos más representativos del planeta, a los que observamos también con sus vidas, sus ilusiones y sus frustraciones, en la trastienda de ese escaparate que representa al mundo, en un Pekín que es imán (como ocurre con cientos de ciudades Chinas) para los que buscan un futuro mejor que el que poseen en las remotas y deprimidas zonas rurales pero que una vez en la gran metrópoli se dan cuenta que las cosas no son como parecían
Película con escenas tristes, de alta intensidad emocional intentando reflejar el anhelo de viajar, de libertad, de la dureza del trabajo que se hace para abrirse camino, de la frustración...Altamente recomendable.

6.9.06

Sufismo y Taoísmo


Hace unos días murió el escritor egipcio Naguib Mahfuz y unas semanas antes de su muerte, en un programa de radio leyeron unos párrafos de algunas de sus obras. Me parecieron palabras muy bellas que reflejaban una visión del mundo cargada de humanismo. Comentaron que mucha de la filosofía que subyace en sus obras está basada en una cierta concepción sufista del Islam y buscando información sobre el susfismo doy con una obra, en dos partes, que se titula "Sufismo y Taoísmo" de Toshihiko Izutsu, en la que analiza ambas corrientes religioso-filosóficas describiendo lo que de común tienen.
Me ha llamado mucho la atención que el mayor representante de la cosmovisión sufí , Ibn ‘Arab¯i, era de Murcia (y la ciudad en la que vivo, Córdoba era la capital del Califato del que Murcia formaba parte)
Poco a poco voy descubriendo con agrado más cosas nos conectan a Oriente y Occidente y de un modo más extenso, a todos los humanos.

30.8.06

Huir de la ciudad - Huir del campo


Cuando yo era un niño, lo que "molaba" era ser de ciudad, y cuanto más grande fuese mejor.
Era la época de los Planes de Desarrollo de López Rodó y las ciudades y la costa veían aumentar su población en detrimento de las zonas rurales, que literalmente eran abandonadas. Los barrios de las ciudades crecían a un ritmo vertiginoso y la figura del que había huído del campo por no ver futuro en él pasaba a ser el paleto, el cateto de pueblo objeto de chiste. Los ya asentados en la ciudad se mofaban del recien llegado, se reían de sus formas pueblerinas por lo que tenían de ingenuo y poco adaptado al nuevo medio.



Muchas películas de la época reflejaban esta situación. Recuerdo por ejemplo las protagonizadas por Paco Martínez Soria, Alfredo Landa y otros.
Ahora en China se da una situación similar, en tanto que las ciudades se llenan de campesinos que huyen del campo y duramente se ganan el sustento, malviviendo y sufriendo en muchas ocasiones la discriminación de los ya asentados urbanitas.
Mientras en Europa el campo se asocia a lo idílico: a la naturaleza, a los bellos paisajes, a la tranquilidad... en China se asocia al atraso, a las dificultades y a la pobreza. En Europa se tiende a volver al campo y en China a huir del campo. Todo tiene su momento y quizás a China le pase como a España, el futuro dirá.

Sobre este tema recomiendo leer el magnífico "El Diario de Ma Yan" que retrata a la perfección las dificultades de vivir en el campo en China hoy, y todo lo que eso supone a principios del siglo XXI . Y sobre los campesinos que emigran a las ciudades y la lucha por sobrevivir en ellas, la estupenda película "La Bicicleta de Pekín"

27.8.06

Principios elevados, costumbres deplorables




Soy uno de esos envidiados trabajadores que pueden permitirse el lujo de disfrutar de largas vacaciones (también han sido de vacaciones alejado del ordenador) y sí, las he aprovechado "a tope": viajar, descansar, no hacer nada, disfrutar de la familia todos juntos, leer (mucho leer) ver películas, hacer fotos,...
Son muchas cosas para comentar, así que hoy empezaré por lo último.
He leído el libro "El palaquín de las lágrimas" de Chow Ching Lie (también hay una película en francés que dirigió Jacques Dorfmann en 1987 basada en el libro )


Me ha gustado mucho y lo "he devorado" en un par de días. Es la autobiografía de esta mujer en China (hasta su partida hasta Francia) Cuenta el libro como era la vida en China en los años previos a la creación de la República Popular y en los primeros años de ésta, antes de la Revolución Cultural. Destaco (y me emociona por la parte que me toca) la descripción que hace de la terrible y absoluta sumisión de la mujer. Del trágico destino de muchas chicas que eran vendidas de una forma u otra, sea en sentido literal o camuflado en forma de matrimonio concertado. Chow Ching Lie lo expone con toda crudeza y uno no tienes más remedio que sentir compasión y rabia por la injusticia que se cometía con tantas niñas en un infierno de sumisión total y de maltrato en muchas ocasiones.
Es terrible ver como muchas veces las tradiciones (y esto vale para todos los lugares y épocas) pervierten los principios que las originaron y sustentaron y degeneran hasta lo inimaginable. Del respeto a los mayores, a los padres, tan confuciano, tan sensato, se pasa a injustas tradiciones de casi (o sin casi) esclavitud . Chow Chig Lie lo expone así:

He nacido en la China de la miseria y de las lágrimas. Niña aún, sufrí y lloré desde muy pronto. Era bonita: esto no es un mérito, pero fue una maldición. De haber sido fea y deforme, sin duda no me hubiesen casado a la fuerza cuando tenía trece años. Pero mi desgracia no procedía sólo de mi belleza, sino que representaba la imagen de un vasto país, en el que no era bueno vivir, en donde no era bueno, sobre todo, nacer si se tenía la desgracia de ser una niña. Yo hubiese podido venir al mundo de una familia pobre en la que, al nacer, me hubieran envuelto en unos trapos y tirado a la basura. ¿Qué es más cruel, ahogar al nacer a una niña, o más tarde, no pudiendo criarla, venderla para que llegara a ser pupila de una de las casas de lenocinio de la Calle Cuarta de Shanghai? Esto que digo no data de la Edad Media: era la suerte de la china a mediados del siglo xx y más exactamente hasta Mao Tse-tung quien, en 1950, dictó la primera ley prohibiendo, entre otras cosas, la matanza de los recién nacidos, así como los matrimonios a la fuerza y el abuso de poder de las suegras, plagas tan dolorosas en el país como las inundaciones y las hambres.

[...]

Los dos niños nadaban en el río cuando les echó la vista encima una vieja casamentera. Esta era una profesión a la que se dedicaban personas de uno u otro sexo, buscadas y despreciadas a la vez. Nuestra casamentera, viendo a los dos chiquillos, corrió a casa de una viuda de la vecindad que tenía una niña de cuatro años, y la llevó hasta la orilla del río, diciéndole: «Mira a esos dos niños. Sin duda son de buena familia y hasta ricos, ya que su padre acaba de venir de Shanghai para hacerse aquí su casa. Escoge de los dos al que prefieras para tu hija y deja lo demás de mi cuenta.» La pobre viuda miró jugar a los dos niños y señaló con el dedo al mayor, al que había de ser mi padre. Le prefirió al otro porque tenía la piel más blanca. (Por extraño que parezca, para los chinos de aquella época, la piel blanca, blanca como la de los extranjeros, era un ideal de belleza envidiable. Así, se decía que en la mujer había tres bellezas: la de los ojos, la de la nariz y la de la boca, pero que la piel blanca valía por las tres.) En cuanto a mí se refiere, bendigo su elección, pues el otro niño, mi futuro tío era un pobre de espíritu desde su nacimiento y no mejoró mucho con el tiempo.

A continuación, la casamentera se presentó en casa de mi abuelo para colocarle su discurso:

—Querido Tsu Hon, hay en la vecindad una niña monísima. Su madre es viuda, pero muy seria. Es una buena cosa para vuestra familia, ya que sin ser rica, no es frivola. Y como es trabajadora, la hija lo será también. Yo creo que resultaría conveniente para vosotros que se comprometiera con vuestro hijo.

Mi abuelo fue a ver a la niña. La encontró agradable y el asunto se resolvió inmediatamente. Y así fue como mi padre y mi madre se prometieron a la edad de seis y de cuatro años.
A la casamentera la pagaban las familias en el momento de los esponsales. Pero los prometidos, que casi nunca sabían nada de su situación, sólo se conocían en vísperas de la boda. En aquellos tiempos, jamás se rompía un compromiso de esta clase. No cumplir la palabra dada era una vergüenza y un escándalo.

Una vez prometida, Tsong Hai, mi futura madre, permaneció en Cantón. Tsu Hon enviaba dinero a la madre de la pequeña a fin de que ésta pudiese ir a la escuela primaria, en la que se le hizo estudiar tan sólo seis años: una niña no debía estudiar demasiado. ¿No se decía entre nosotros que «mujer que sabe poco tiene mucha virtud»? Y como la virtud era ante todo la obediencia, se pensaba que cuanto menos instruida, una mujer se consagraba más a su hogar, a sus hijos y sobre todo a su amo y señor: el marido. Así pues, Tsong Hai, después de los años de escuela, permanecería en su casa, en la que aprendería con su madre a tejer a mano y a máquina, hasta los dieciséis años, edad en la que se casaría.

[...]

Esta era una de las prácticas anticuadas corrientes todavía en el suburbio de Kuangtong, en donde los pobres vendían a sus hijos. Se acudía allí a comprar un par de niñas como se compra una pareja de chivitos. La mejor edad para arrancar a las niñas de sus familias era a los ocho o nueve años. Nunca se les decía la verdad sino tan sólo que iban a hacer un viaje con personas muy buenas o algo por el estilo. Pero una vez llegadas a su destino se iniciaba inmediatamente su adiestramiento. Lo más urgente era extirpar su naturaleza infantil y quitarles las ganas de jugar, convirtiéndolas de la noche a la mañana en adultas. Claro que su suerte, a pesar de la crueldad de su destino, era variable, ya que todos los hombres no son iguales. Las compradas por personas bondadosas eran bien tratadas. Incluso, a veces, la joven esclava, al llegar a la edad de casarse, veía a sus amos prepararle el equipo nupcial y cubrirla de regalos. Pero también las niñas de Chaochow conocían muchas veces una suerte espantosa y sin remedio.

[...]

Esto no era una frase. Efectivamente, en Chaochow, si una esposa estaba convicta de adulterio era encerrada en una cabaña a la que se prendía fuego, y moría quemada viva. Aunque esto parezca increíble se practicaba todavía en casi toda China y nadie encontraba inadecuado tal castigo: antes, al contrario, parecía de lo más natural.

[...]

... si los viejos principios eran de una gran elevación, las viejas costumbres solían tener deplorables consecuencias...

12.8.06

El incierto futuro de los Hutongs de Pekín


Hace un par de días hemos regresado de un estupendo viaje por algunos de los muchos y bellos lugares que tiene España. Como tantos hacen en verano nosotros también hemos saboreado la gastronomía de los lugares que hemos visitado, admirado sus paisajes y charlado con sus habitantes. Se nos escapa a veces, que el tipismo de algunos sitios con su arquitectura popular tan ligada a la forma de vida que el viajero tanto admira suponían y en algunos casos suponen, una forma de vida incómoda y en ocasiones dura para sus habitantes que muchos de nosotros difícilmente soportaríamos durante mucho tiempo acostumbrados como estamos a las comodidades.

Comento esto porque ahora (ayer lo escuché en televisión pero ya hace tiempo que el tema es tratado en la prensa occidental) se están levantando voces contra la masiva destrucción de hutongs en Pekín con motivo de los próximos Juegos Olímpicos.

Los hutongs a diferencia de muchos de los lugares llenos de tipismo que al viajar nos gusta fotografiar están ahora llenos de vida y la mejoras materiales en las condiciones de vida de sus habitantes (aseos individuales y no compartidos, agua corriente caliente, etc) que supondrá el traslado de sus habitantes no compensan para muchos el cambio que supone vivir alejados del centro de la ciudad, del lugar de trabajo y el fin de las relaciones sociales que la cercanía física del hutong, con su calle estrecha sus patio comunal supone.

Yo vivo en una ciudad (Córdoba) con un casco antiguo muy bonito, que los turistas y viajeros admiran y fotografían pero que no tiene mucha vida (aparte de la que le dan los que lo visitan) En otro tiempo sus habitantes lo llenaban con su ir y venir , sus voces, sus olores. Ahora es otra cosa. Mi madre cuando niña vivía en una casa de vecinos como esas tan bonitas que se ven en el Festival de los Patios de Córdoba, con sus macetas, su pozo, pero también con su letrina común, su falta de cuarto de baño y las incomodidades propias de un lugar pequeño habitado por muchas personas. Conforme las familias prosperaron fueron abandonando los patios de vecinos, pero en China, con los hutongs de Pekín este cambio es por decreto y muchos están disconformes.


De las películas chinas que he visto La Ducha, de Zhang Yang refleja a la perfección ese fin de un modo de vida que el desarrollo de las sociedades va dejando atrás. No sólo es la historia conmovedora de las relaciones padre hijo , sino las relaciones sociales sanas que se producen en un entorno sin prisas que no es otro que los baños públicos en un hutong de Pekín que tiene los días contados ya que el barrio va a ser demolido y sus habitantes trasladados. Es lo que hoy viven muchos habitantes del centro de la capital de China.

16.7.06

Viajar



Dentro de una hora escasa nos vamos a disfrutar unas semanas de vacaciones. En mi mochila, entre otros libros me llevo un clásico de la novela china Los viajes del buen doctor Can.
Como el humanista e inteligente doctor Can, espero disfrutar del paisaje, de las gentes y también de la gastronomía de los sitios por donde nos disponemos a pasar.
Hasta la vuelta.

10.7.06

Amor (y sus adjetivos)





Ayer pasé un rato estupendo viendo "Guardando las apariencias", de Alice Wu .
Me ha sorprendido gratamente esta ópera prima de esta joven y para mí hasta ahora desconocida realizadora norteamericana de origen chino.
Esta película trata, entre otros temas, de algo tan universal e intemporal como es el amor ( en todas sus formas) , y de los compromisos familiares (basados también en el amor) que nos atan y que en tantas ocasiones nos llevan a cometer errores que nos marcan de por vida.

El contexto de esta historia es Nueva York y los protagonistas son unas neoyorquinas de origen chino que se mueven entre el respeto al honor de los padres (tan confuciano) y el deseo de manifestar los sentimientos abiertamente, sin guardar las apariencias, pero sin hacer daño a los demás. Sobre su película, esto es lo que comenta Alice Wu :

Escribí "Guardando las apariencias" como una carta de amor dirigida a mi madre. El personaje de Ma empieza la película como una mujer que, aparentemente, ha realizado todas las decisiones importantes de la vida; a sus 48 años ha llevado una vida formal y ahora, fundamentalmente, vive para morir. Que al final rompe con las tradiciones y vive según sus principios es un triunfo que quería que mi madre –y el mundo– viera. Supongo que si hay algo que que intento decir con la película es que, independientemente de quién seas –asiático o negro, gay o heterosexual, joven o viejo, básicamente, lo que quiere todo el mundo es amar; y que la oportunidad puede surgir en cualquier momento de la vida que uno se proponga.

Hice "Guardando las apariencias" porque quería que mi madre supiera que nunca es demasiado tarde para enamorarse por primera vez. Y que no siempre es cuando hacemos las cosas bien, sino que a veces es cuando nos equivocamos, cuando emprendemos el camino que nos permite adentrarnos en el que nos corresponde.

8.7.06

Mao con cuernos y rabo
















Llevo unos días leyendo "Mao, la historia desconocida", de Jung Chang que es también la autora de "Cisnes Salvajes".
Jung escribe esta biografía de Mao Zedong junto con su marido Jon Halliday.



Así como "Cisnes Salvajes" me gustó, éste su segundo libro, no me está gustando casi nada y dudo que lo termine. En Cisnes Salvajes Jung hace un emotivo relato en primera persona y de primera mano de lo que el nacimiento de la República Popular significó para ella y su familia. Parece un relato de su historia personal muy creíble , emotivo y que puede hacerse extensivo a lo que millones de chinos experimentaron en aquellos años del siglo pasado.
En cambio, en este nuevo libro, su autora más bien parece que ajusta cuentas personalmente con este personaje tan importante en la historia de China.
Estoy de acuerdo con Rafael Poch, corresponsal en China de La Vanguardia, en que "Mao, la historia desconocida", más que una biografía académicamente solvente, rigurosa y bien documentada, es una caricatura de Mao .



Sí me gustó mucho y recomiendo en cambio esta otra biografía de Mao que hizo Li Zhisui, el que fuera durante muchos años su médico personal. Se titula La vida privada del presidente Mao. En esta otra biografía Mao no queda muy bien parado que digamos pero no lo vemos con cuernos y rabo, riéndose sádicamente del sufrimiento ajeno como en el libro de Jung Chang.
Si eres el autor de alguna de las fotos colocadas en el blog
y no deseas que sea usada aquí,
notifícamelo y la retiraré

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