29.9.10

El profesor de inglés



En esta entrevista (en inglés) Wang Gang cuenta como el recuerdo de unos niños (él entre ellos) golpeando a su maestra en aquellos terribles años de horror de la Revolución Cultural le marcaron para siempre.

Leí "El profesor de inglés" a principios de verano, más o menos en los mismos días del primer aniversario de las revueltas de Urumqi, en Xinjiang, lugar de nacimiento de Wang Gang y escenario de su novela.



Cuando hace algo más de un año hubo disturbios entre" uigures" y chinos han pude constatar una vez más como el odio que se incuba durante años, en un momento de crisis, con una chispa es suficiente para desencadenar un incendio donde todos pierden y algunos se abrasan para siempre.

¿Tan difícil es convivir? ¿Porque hay tantos que se empeñan en restar en vez de sumar?

La fascinación que el joven protagonista de esta novela siente por su profesor de inglés, es la misma que se siente por lo desconocido, por lo diferente que uno aprende, valora y llegado el caso asume o rechaza.

En tiempos de la Revolución Cultural, lo peor de las personas, lo más mezquino que muchos llevaban dentro, se hacía presente en forma de denuncia, de ostracismo, cuando no de violencia desatada hacia personas inocentes.

Estos tiempos de crisis me ponen alerta ante comportamientos que en épocas pasadas ya se vivieron y se sufrieron. El auge del nacionalismo, como refugio en tiempos de incertidumbre y miedo, el envolverse en patrias y banderas y alejarse de las personas , sobre todo de las diferentes, las que vienen de lejos, las que hablan otro idioma y tienen otros rasgos, es síntoma peligroso de decadencia, y ahí estamos ahora en nuestra vieja Europa-


En la Revolución Cultural, el saber, el conocer a otros y otra cosas era motivo de sospecha.

Cuando conoces a los demás y aprendes de ellos empiezas a cambiar y te das cuenta que tú, también eres "el otro".

Las historias de los jóvenes de Urumqi de hace cuarenta años podrían ser la de tantos otros jóvenes de hoy en día...


Un buen libro. Recomiendo su lectura.




24.9.10

Ya refresca



Ya refresca. Vamos a esperar a la luna al oeste del pabellón

de brillantes colores.

Nos acaricia el rostro el perfumado aliento de la brisa.

Hoy, por vez primera, ya no abrasa la atmósfera en la

estancia de madera de árbol de la canela.

¿Podrá alguno de nosotros cantar un poema en un palacio

de nieve?

Purísimos aromas llenan el pabellón. Las rajas de sandía

diríanse de jade.

Asciende, sola, la brillante luna que semeja una una copa

de licor.

¡Qué dulce embriaguez en la fresca noche! ...

Mas ya cae sobre el plantel tupido de bambúes un velo de

colores otoñales.

poetisa Chao Su Cheng

siglo XII , Dinastía Song

6.9.10

Sin prisa se llega lejos




Después de un"verano sabático" en cuanto a Internet se refiere, retomo este humilde rincón de la "blogosfera" para comentar las cosas que de alguna manera u otra tienen a China como elemento, si no "referente", al menos "al que referirse." Si China no fuese el país de nacimiento de mis hijas, si fuese otro, a buen seguro que casi de los mismos asuntos hablaría. Cambiamos la geografía y la época, pero no la pasión y el afecto por las gentes con las que compartimos este planeta, con sus miserias y bondades y con sus esperanzas también.

Mientras ayer pensaba a la hora del desayuno sobre qué escribir en este mi primer "post" de la temporada, escuché en la Cadena Ser a Fernando Salazar, Vicepresidente Ejecutivo del Instituto de Comercio Exterior, hablar sobre las relaciones comerciales entre España y China. Esta vez tampoco tocaba criticar a China, cuya "compra de deuda" nos ha dado aire en los peores momento de especulación financiera contra España, y sí hablar de oportunidades de negocio y de comercio.

Dijo algunas cosas interesantes y entre ellas se me quedó una frase que es toda una actitud vital, una manera de ver las cosas y que comparto completamente: decía algo así como que "para llegar lejos no hay que tener prisa". Frase conocida , antigua y de sentido común, pero sobre la que debemos volver de vez en cuando, ya que con facilidad,más de lo que quisiéramos, nos dejamos llevar por las prisas. Lo refería al mundo de los negocios, pero yo estaba pensando en nuestro reciente viaje por Europa. La frase en boca del señor Fernando Salazar, entre tostadas con mantequilla y café con leche, en la placidez de una mañana de domingo de verano, me hizo pensar en que somos una afortunada familia viajera. Y que viajamos de un modo tranquilo.

Este estío hemos hecho nada menos que 6500 km.Hemos recorrido Europa sin prisas y es cierto que así se llega lejos.

Viajamos con una ruta trazada pero sin excesivos detalles y nos paramos allá donde nos apetece. No pretendemos verlo todo y sí dejarnos enamorar por lo que de bello tienen tantos y tantos lugares.

Pienso en Marco Polo y en ese viaje de años que le hizo descubrir una civilización hasta entonces desconocida en Europa y de cuyas maravillas contó y que a las personas de mente inquieta de su tiempo les abrió la imaginación y el deseo de progresar en el conocimiento, en el comercio, en una vida mejor. Hubo un intercambio de experiencias y se abrió, un camino, una ruta (la Ruta de la Seda) que en gran medida ayudó a una Europa aún atrapada en lo peor de la Edad Media, a un despegar, a un renacer que desembocó en las décadas siguientes el esplendor del Renacimiento.

Pienso que esa es la esencia de los viajes, el descubrimiento, el aprendizaje de lo bueno de los otros y la valoración de lo ajeno y de lo propio que lo merezca.

Todo verdadero viaje es también , o sobre todo, un viaje interior. Decía el año pasado por esta época que "¿Acaso nuestro empeño en llenar nuestras horas de actividades "útiles" o su imperiosa búsqueda, descartando las "inútiles", nos aparta de la felicidad, del disfrute del instante?"

Cuando viajas sin prisa se vive el instante y se llega lejos, también por dentro.

Ya estamos de vuelta.



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